Viernes de la III semana de Pascua.
Difundiendo La Palabra es un lugar creado para orar y meditar la Palabra de Dios. Hoy, Viernes de la III semana de Pascua encontrará el Evangelio según San Juan 6, 52-59 acompañado de una reflexión pastoral que lo ayudará a comprenderlo y a vivirlo con fidelidad. También incluimos las lecturas del día y el Salmo Responsorial.
Homilía y reflexión del Evangelio de hoy 24 de Abril.
Un lenguaje que desconcierta
El Evangelio de hoy presenta palabras de Jesús que resultan difíciles de comprender. Sus oyentes se desconciertan, discuten, no logran aceptar lo que están escuchando. No es un mensaje cómodo ni fácil de asimilar.
También en nuestra vida hay momentos en los que el mensaje de Dios nos desafía. No todo lo que propone coincide con nuestra lógica o con lo que nos resulta más sencillo. La fe, muchas veces, implica atravesar ese desconcierto inicial.
El Evangelio nos invita a no quedarnos solo en la dificultad, sino a ir más allá, a abrirnos a un sentido más profundo.
Una entrega total que da vida
Jesús habla de darse por completo, de entregarse como alimento. No se guarda nada, no ofrece algo parcial. Su propuesta es total, y esa entrega es la que da vida.
Este mensaje nos muestra el modo de amar de Dios: un amor que se entrega sin reservas. No es un amor a medias, condicionado o calculado, sino pleno.
En nuestra vida cotidiana, esto nos interpela. ¿Cómo amamos nosotros? ¿Nos damos de manera generosa o solo cuando nos resulta cómodo? El Evangelio nos invita a revisar nuestra forma de amar.
Recibir para vivir de verdad
Jesús insiste en que quien recibe ese alimento tiene vida. No se trata solo de un gesto simbólico, sino de una relación que transforma. Recibir a Jesús implica dejar que su vida actúe en nosotros.
Muchas veces vivimos de manera superficial, sin profundizar en lo esencial. El Evangelio nos llama a una vida más plena, más consciente, más conectada con Dios.
Recibir ese alimento es abrir el corazón, dejar que Dios transforme nuestras actitudes, nuestras decisiones, nuestra manera de vivir.
Una invitación a confiar y permanecer
El mensaje central de este Evangelio es una invitación a confiar en la entrega de Jesús y a permanecer en Él. No se trata de entender todo perfectamente, sino de dar un paso de fe.
En este viernes de la tercera semana de Pascua, podemos preguntarnos con sinceridad: ¿estoy dispuesto a confiar incluso cuando no comprendo todo? ¿Dejo que Dios transforme mi vida?
La Pascua es un tiempo para profundizar la fe, para pasar de lo superficial a lo esencial.
Al cerrar esta reflexión, podemos hacer un momento de silencio interior y abrir el corazón al Señor. Pedirle la gracia de confiar más, de recibir su amor y de vivir desde esa entrega.
Que este tiempo pascual nos ayude a descubrir que cuando nos abrimos a Dios, encontramos una vida nueva, más plena, más verdadera y más llena de sentido.
Un momento de oración para aquietar el corazón.
Después de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.
Lecturas Bíblicas del día de Hoy
Primera Lectura de Hoy Viernes 24 de Abril.
Libro de los Hechos de los Apóstoles 9, 1-20.
En aquellos días, Saulo, amenazando todavía de muerte a los discípulos del Señor, fue a ver al sumo sacerdote y le pidió, para las sinagogas de Damasco, cartas que lo autorizaran para traer presos a Jerusalén a todos aquellos hombres y mujeres seguidores del Camino.
Pero sucedió que, cuando se aproximaba a Damasco, una luz del cielo lo envolvió de repente con su resplandor. Cayó por tierra y oyó una voz que le decía: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” Preguntó él: “¿Quién eres, Señor?” La respuesta fue: “Yo soy Jesús, a quien tú persigues. Levántate. Entra en la ciudad y allí se te dirá lo que tienes que hacer”.
Los hombres que lo acompañaban en el viaje se habían detenido, mudos de asombro, pues oyeron la voz, pero no vieron a nadie. Saulo se levantó del suelo, y aunque tenía abiertos los ojos, no podía ver. Lo llevaron de la mano hasta Damasco y allí estuvo tres días ciego, sin comer ni beber.
Había en Damasco un discípulo que se llamaba Ananías, a quien se le apareció el Señor y le dijo: “Ananías”. Él respondió: “Aquí estoy, Señor”. El Señor le dijo: “Ve a la calle principal y busca en casa de Judas a un hombre de Tarso, llamado Saulo, que está orando”. Saulo tuvo también la visión de un hombre llamado Ananías, que entraba y le imponía las manos para que recobrara la vista.
Ananías contestó: “Señor, he oído a muchos hablar de ese individuo y del daño que ha hecho a tus fieles en Jerusalén. Además, trae autorización de los sumos sacerdotes para poner presos a todos los que invocan tu nombre”. Pero el Señor le dijo: “No importa. Tú ve allá, porque yo lo he escogido como instrumento, para que me dé a conocer a las naciones, a los reyes y a los hijos de Israel. Yo le mostraré cuánto tendrá que padecer por mi causa”.
Ananías fue allá, entró en la casa, le impuso las manos a Saulo y le dijo: “Saulo, hermano, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino, me envía para que recobres la vista y quedes lleno del Espíritu Santo”. Al instante, algo como escamas se le desprendió de los ojos y recobró la vista. Se levantó y lo bautizaron. Luego comió y recuperó las fuerzas. Se quedó unos días con los discípulos en Damasco y se puso a predicar en las sinagogas, afirmando que Jesús era el Hijo de Dios.
Salmo Responsorial de Hoy – Salmo 116, 1. 2.
Que alaben al Señor, todas las naciones,
que lo aclamen todos los pueblos.
Que aclamen al Señor todos los pueblos. Aleluya.
Porque grande es su amor hacia nosotros
y su fidelidad dura por siempre.
Que aclamen al Señor todos los pueblos. Aleluya.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
El que come mi carne y bebe mi sangre,
permanece en mí y yo en él, dice el Señor.
Aleluya.
Evangelio de Hoy Viernes 24 de Abril de 2026.
Evangelio según San Juan 6, 52-59.
En aquel tiempo, los judíos se pusieron a discutir entre sí: “¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?”
Jesús les dijo: “Yo les aseguro: Si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no podrán tener vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día.
Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él. Como el Padre, que me ha enviado, posee la vida y yo vivo por él, así también el que me come vivirá por mí.
Éste es el pan que ha bajado del cielo; no es como el maná que comieron sus padres, pues murieron. El que come de este pan vivirá para siempre”.
Esto lo dijo Jesús enseñando en la sinagoga de Cafarnaúm.
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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.
