Evangelio De Hoy 3 de Agosto


Difundiendo La Palabra es un lugar creado para orar y meditar la Palabra de Dios. Hoy, Lunes de la XVIII semana del Tiempo ordinario encontrará el Evangelio según San Mateo 14, 22-36 acompañado de una reflexión pastoral que lo ayudará a comprenderlo y vivirlo con fidelidad. También incluimos las lecturas del día y el Salmo Responsorial.


Homilía y reflexión del Evangelio de hoy 3 de Agosto de 2026.

Jesús nos envía antes de calmar el viento

Después de alimentar a la multitud, Jesús manda a sus discípulos subir a la barca y cruzar a la otra orilla. Él se queda solo en oración. La escena es muy humana: los discípulos obedecen, se alejan de la orilla, y en medio de la noche la barca comienza a ser sacudida por el viento.

Esto nos recuerda que obedecer a Jesús no significa quedar libres de dificultades. Ellos están en la barca porque el Señor los envió, y aun así enfrentan una noche difícil. También nosotros podemos estar haciendo lo correcto, intentando vivir la fe, sostener una familia, cumplir una misión, servir con sinceridad, y encontrarnos con vientos contrarios.

La presencia de dificultades no significa que Dios nos haya abandonado. A veces el Señor permite que atravesemos la noche para enseñarnos una confianza más profunda. No siempre calma primero el viento; a veces primero fortalece el corazón.

No tengan miedo, soy yo

En medio de la oscuridad, Jesús se acerca caminando sobre el agua. Los discípulos se asustan porque no lo reconocen. Aquello que debía consolarlos les provoca temor, porque el miedo distorsiona la mirada. Cuando el corazón está agitado, incluso la presencia de Dios puede parecernos lejana, extraña o difícil de entender.

Entonces Jesús pronuncia una palabra decisiva: “No tengan miedo, soy yo”. No empieza explicando la tormenta. No les da una teoría sobre el sufrimiento. Primero se revela. Les recuerda quién está allí.

Esta es una palabra para muchas noches de nuestra vida. Cuando sentimos que no tenemos control, cuando las preocupaciones crecen, cuando la fe parece débil, Jesús no siempre nos responde con soluciones inmediatas, pero sí con su presencia. Y muchas veces eso es lo primero que necesitamos recuperar: saber que Él está, que se acerca, que no nos deja solos en medio del agua agitada.

Pedro camina mientras mira a Jesús

Pedro pide ir hacia Jesús sobre el agua. Y mientras mantiene la mirada en Él, camina. Pero cuando mira la fuerza del viento, comienza a hundirse. Esta imagen es muy clara: el problema no es solo la tormenta exterior, sino el cambio de mirada interior.

Cuántas veces nos pasa lo mismo. Empezamos con confianza, damos un paso de fe, nos animamos a seguir a Jesús. Pero después miramos demasiado el viento: los problemas, las críticas, la incertidumbre, los propios límites, el miedo al fracaso. Entonces lo que antes parecía posible empieza a hundirse bajo nuestros pies.

La fe no consiste en negar el viento. El viento existe. Las dificultades son reales. Pero Pedro nos enseña que la mirada puesta en Cristo sostiene lo que nuestras fuerzas no pueden sostener. Y cuando Pedro se hunde, no hace un discurso largo. Solo grita: “Señor, sálvame”. Esa oración breve, nacida desde la necesidad, alcanza el corazón de Jesús.

La mano que levanta y la fe que madura

Jesús extiende la mano y sostiene a Pedro. No lo deja hundirse. Después le señala su poca fe, pero lo hace mientras lo tiene tomado. La corrección de Jesús no humilla; levanta. Le muestra a Pedro que necesita confiar más, pero primero lo salva.

Esta es una gran esperanza para nosotros. El Señor no espera que tengamos una fe perfecta para tendernos la mano. Nos sostiene incluso cuando dudamos, nos levanta cuando empezamos a hundirnos, y nos ayuda a descubrir que la fe madura no porque nunca tema, sino porque aprende a volver a Jesús en medio del temor.

Al llegar a la otra orilla, muchos llevan enfermos para que toquen apenas el borde de su manto, y quedan sanados. Después de la tormenta, aparece una nueva escena de confianza. Quienes se acercan a Jesús encuentran vida.

Hoy podemos poner nombre a nuestro viento contrario. También podemos mirar dónde estamos empezando a hundirnos por mirar más el miedo que al Señor. Pidamos la gracia de volver a fijar los ojos en Cristo y de gritar con humildad: “Señor, sálvame”. Su mano sigue estando cerca, más fuerte que la tormenta.


Un momento de oración para aquietar el corazón.

Después de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.


Lecturas Bíblicas del día de Hoy


Primera Lectura de Hoy Lunes 3 de Agosto.

Libro de Jeremίas 28, 1-17.

El quinto mes del cuarto año del reinado de Sedecías, Jananías, hijo de Azur y profeta de Gabaón, le dijo a Jeremías en el templo, en presencia de los sacerdotes y de todo el pueblo: “Esto dice el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel: ‘Voy a romper el yugo del rey de Babilonia.

Dentro de dos años haré que se devuelvan todos los objetos del templo del Señor, que el rey Nabucodonosor tomó de este lugar y se llevó a Babilonia; haré volver a Jeconías, hijo de Joaquín y rey de Judá, y a todos los desterrados de Judá que han ido a Babilonia, en cuanto yo rompa, dice el Señor, el yugo del rey Nabucodonosor’”.

Entonces el profeta Jeremías le respondió a Jananías, en presencia de los sacerdotes y de todo el pueblo que estaba en el templo del Señor: “Amén. Que así lo haga el Señor. Que el Señor confirme lo que has predicho y haga retornar de Babilonia a este lugar los objetos del templo del Señor y a todos los desterrados. Pero, pon atención a lo que voy a decirte delante de todo el pueblo:

Antes de mí y antes de ti, siempre ha habido profetas que predijeron a muchos países y a grandes reinos la guerra, el hambre y la peste. Y cuando un profeta predice la paz, sólo hasta que se cumplen sus palabras, se puede reconocer que es verdadero profeta, enviado por el Señor”. Entonces Jananías tomó el yugo que traía Jeremías en el cuello, lo rompió y dijo delante de todo el pueblo: “Esto dice el Señor: ‘Así romperé el yugo de Nabucodonosor, rey de Babilonia, dentro de dos años y lo quitaré del cuello de todas las naciones’ ”.

Jeremías se alejó de allí. Pero un tiempo después de que Jananías había roto el yugo del cuello del profeta Jeremías, el Señor le habló a éste y le dijo: “Ve y dile a Jananías: ‘Esto dice el Señor: Has roto un yugo de madera, pero yo lo sustituiré por uno de hierro.

Porque esto dice el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel: He puesto en el cuello de todas estas naciones un yugo de hierro, para someterlas al servicio de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y hasta las bestias del campo lo servirán’ ”. Y Jeremías añadió: “Escucha, Jananías: No te ha enviado el Señor y tú has hecho que el pueblo crea en una mentira. Por eso el Señor te dice: ‘Yo te borraré de la superficie de la tierra.

Este año morirás, por haber incitado a la rebelión contra el Señor’ ”. Y el profeta Jananías murió aquel mismo año, en el mes séptimo.


Salmo Responsorial de Hoy Salmo 118, 29. 43. 79. 80. 95. 102.

Apártame de los caminos falsos,
 y dame la gracia de cumplir tu voluntad.
No quites de mi boca las palabras sinceras,
porque yo espero en tus mandamientos.
Enséñame, Señor, tus mandamientos.

Que se vuelvan hacia mí tus fieles,
los que hacen caso de tus preceptos.
Que sea mi corazón perfecto en tus leyes,
así no quedaré avergonzado.
Enséñame, Señor, tus mandamientos.

Los malvados me esperaban para matarme,
pero yo meditaba tus preceptos.
No me aparto de tus mandamientos,
porque tú me has instruido.
Enséñame, Señor, tus mandamientos.


Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Maestro, tú eres el Hijo de Dios,
tú eres el rey de Israel.
Aleluya.


Evangelio de Hoy Lunes 3 de Agosto de 2026.

Evangelio según San Mateo 14, 22-36.

En aquel tiempo, inmediatamente después de la multiplicación de los panes, Jesús hizo que sus discípulos subieran a la barca y se dirigieran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Después de despedirla, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba él solo allí.

Entre tanto, la barca iba ya muy lejos de la costa y las olas la sacudían, porque el viento era contrario. A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el agua. Los discípulos, al verlo andar sobre el agua, se espantaron y decían: “¡Es un fantasma!” Y daban gritos de terror. Pero Jesús les dijo enseguida: “Tranquilícense y no teman. Soy yo”.

Entonces le dijo Pedro: “Señor, si eres tú, mándame ir a ti caminando sobre el agua”. Jesús le contestó: “Ven”. Pedro bajó de la barca y comenzó a caminar sobre el agua hacia Jesús; pero al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, comenzó a hundirse y gritó: “¡Sálvame, Señor!” Inmediatamente Jesús le tendió la mano, lo sostuvo y le dijo: “Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?”

En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó. Los que estaban en la barca se postraron ante Jesús, diciendo: “Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios”.

Terminada la travesía, llegaron a Genesaret. Apenas lo reconocieron los habitantes de aquel lugar, pregonaron la noticia por toda la región y le trajeron a todos los enfermos. Le pedían que los dejara tocar siquiera el borde de su manto; y cuantos lo tocaron, quedaron curados.


👉 Conozca la vida y el mensaje del santo del día de hoy


Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.

Scroll al inicio