Evangelio De Hoy 5 de Agosto


Difundiendo La Palabra es un lugar creado para orar y meditar la Palabra de Dios. Hoy, Miércoles de la XVIII semana del Tiempo ordinario, encontrará el Evangelio según San Mateo 15, 21-28 acompañado de una reflexión pastoral que lo ayudará a comprenderlo y a vivirlo con fidelidad. También incluimos las lecturas del día y el Salmo Responsorial.


Homilía y reflexión del Evangelio de hoy 5 de Agosto de 2026.

Una madre que grita desde el dolor

El Evangelio nos presenta a una mujer cananea que se acerca a Jesús gritando por su hija. No pertenece al pueblo de Israel, no forma parte del círculo esperado, no tiene títulos ni lugar reconocido. Pero tiene algo muy fuerte: un dolor que la mueve y una fe que no se rinde.

Su súplica nace de una herida familiar. No pide para sí misma, sino por su hija atormentada. En ella podemos reconocer a tantas madres, padres, abuelos y personas que interceden por alguien amado: un hijo enfermo, una familia rota, una persona atrapada por una situación difícil, alguien que parece lejos de Dios o de la paz.

Hay oraciones que nacen así, sin palabras ordenadas, casi como un grito. Y ese grito también puede ser fe. Cuando el amor duele, la oración se vuelve insistente. La mujer cananea nos enseña a llevar a Jesús el sufrimiento de quienes amamos, incluso cuando parece que no somos escuchados enseguida.

El silencio que purifica la confianza

Al principio, Jesús no responde. Ese silencio puede resultar duro. Los discípulos se incomodan y quieren que la mujer se vaya. Ella grita, insiste, molesta. Pero Jesús no la rechaza con indiferencia; la conduce por un camino donde su fe se manifestará con más claridad.

También nosotros conocemos silencios de Dios. Rezamos y no vemos respuesta. Pedimos y la situación no cambia. Llamamos y sentimos que el cielo permanece callado. En esos momentos puede aparecer el cansancio, la duda o la tentación de abandonar.

Pero el silencio no siempre significa ausencia. A veces purifica nuestra confianza, nos ayuda a descubrir qué tan profundo es nuestro deseo, nos desprende de una fe basada solo en respuestas inmediatas. La mujer no se va. Permanece. No entiende todo, pero sigue creyendo que en Jesús hay misericordia.

Una humildad que abre camino

La respuesta de Jesús sobre el pan de los hijos y los perritos puede sonar difícil. Sin embargo, la mujer no se ofende ni se cierra. Responde con una humildad impresionante: acepta no tener derecho a reclamar nada, pero confía en que basta una migaja de la mesa del Señor para sanar a su hija.

Esta actitud revela una fe profunda. Ella no se acerca a Jesús desde la exigencia, sino desde la confianza. Sabe que no necesita ocupar el primer lugar para recibir misericordia. Sabe que una pequeña señal de la gracia de Dios es suficiente para cambiarlo todo.

Cuánto nos cuesta esa humildad. A veces nos acercamos a Dios con reclamos, condiciones o impaciencias. Queremos que responda como nosotros pensamos y en el momento que queremos. La mujer cananea nos enseña otro camino: perseverar sin orgullo, pedir sin imponer, confiar incluso desde el último lugar.

Grande es tu fe

Al final, Jesús reconoce públicamente la fe de aquella mujer: “Grande es tu fe”. La que parecía estar lejos queda puesta como ejemplo. La que era extranjera muestra una confianza que conmueve. Y su hija queda sanada.

Este final nos recuerda que la misericordia de Dios no queda encerrada en fronteras humanas. Jesús mira el corazón. Donde hay fe humilde, perseverante y confiada, allí se abre un camino de vida.

Hoy podemos pedir la gracia de una fe como la de esta mujer: una fe que no se rinde ante el silencio, que no se amarga ante la espera, que no se apoya en méritos propios, sino en la bondad del Señor. Tal vez también nosotros tenemos nombres concretos que llevar ante Jesús: personas heridas, hijos, familiares, amigos, situaciones que parecen no cambiar.

Presentémosle esas vidas con confianza. Aunque parezca poco, una migaja de su gracia puede alcanzar para sanar lo que nosotros no podemos. Porque cuando Cristo encuentra una fe perseverante y humilde, su misericordia sabe abrir puertas donde parecía no haber salida.


Un momento de oración para aquietar el corazón.

Después de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.


Lecturas Bíblicas del día de Hoy


Primera Lectura de Hoy Miércoles 5 de Agosto.

Libro de Jeremías 31, 1-7.

“En aquel tiempo, dice el Señor,
yo seré el Dios de todas las tribus de Israel
y ellos serán mi pueblo.

El pueblo de Israel, que se libró de la espada,
halló misericordia en el desierto
y camina hacia el descanso;
el Señor se le apareció de lejos’’.

Esto dice el Señor:
“Yo te amo con amor eterno,
por eso siempre me apiado de ti.
Volveré, pues, a construirte
y serás reconstruida, capital de Israel.

Volverás a tocar tus panderos
y saldrás a bailar entre músicos y coros;
volverás a plantar viñas en los montes de Samaria
y los que las planten, las disfrutarán.
En la montaña de Efraín gritarán los centinelas:
‘¡Ya es de día! ¡Levántense y vayamos a Sión,
hacia el Señor, nuestro Dios!’ ”

Esto dice el Señor:
“Griten de alegría por Jacob,
regocíjense por el mejor de los pueblos;
proclamen, alaben y digan:
‘El Señor ha salvado a su pueblo,
al grupo de los sobrevivientes de Israel’ ”.


Salmo Responsorial de Hoy Jeremías 31, 10. 11-12ab. 13.

Escuchen, pueblos, la palabra del Señor,
y anúncienla aun es las islas más remotas:
“El que dispersó a Israel lo reunirá
y lo cuidará como el pastor a su rebaño”.
El Señor será nuestro pastor.

Porque el Señor redimió a Jacob
y lo rescató de las manos del poderoso.
Ellos vendrán para aclamar al monte Sión,
Y vendrán a gozar de los bienes del Señor.
El Señor será nuestro pastor.

Entonces se alegrarán los jóvenes, danzando;
se sentirán felices jóvenes y viejos,   
porque yo convertiré su tristeza en alegría,   
los llenaré de gozo y aliviaré sus penas.
El Señor será nuestro pastor.


Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Un gran profeta ha surgido entre nosotros.
Dios ha visitado a su pueblo.
Aleluya.


Evangelio de Hoy Miércoles de 5 de Agosto de 2026.

Evangelio según San Mateo 15, 21-28.

En aquel tiempo, Jesús se retiró a la comarca de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea le salió al encuentro y se puso a gritar: “Señor, hijo de David, ten compasión de mí. Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio”. Jesús no le contestó una sola palabra; pero los discípulos se acercaron y le rogaban: “Atiéndela, porque viene gritando detrás de nosotros”. Él les contestó: “Yo no he sido enviado sino a las ovejas descarriadas de la casa de Israel”.

Ella se acercó entonces a Jesús y postrada ante él, le dijo: “¡Señor, ayúdame!” El le respondió: “No está bien quitarles el pan a los hijos para echárselo a los perritos”. Pero ella replicó: “Es cierto, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de sus amos”. Entonces Jesús le respondió: “Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla lo que deseas”. Y en aquel mismo instante quedó curada su hija.


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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.

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