Evangelio De Hoy 26 de Junio


Difundiendo La Palabra es un lugar creado para orar y meditar la Palabra de Dios. Hoy, Viernes de la XII semana del Tiempo ordinario encontrará el Evangelio según San Marcos 8, 1-4  acompañado de una reflexión pastoral que lo ayudará a comprenderlo y a vivirlo con fidelidad. También incluimos las lecturas del día y el Salmo Responsorial.


Homilía y reflexión del Evangelio de hoy 26 de Junio de 2026.

La compasión que ve antes de que pidan

Jesús mira a la multitud y se conmueve. No espera que alguien le presente un informe, ni que el cansancio llegue al límite, ni que la necesidad se convierta en desesperación. Él ve. Percibe que la gente lleva varios días con Él y no tiene qué comer. Esa mirada de Jesús es profundamente pastoral: no es distraída, no es fría, no es superficial.

Hay muchas formas de hambre en la vida. Hambre de pan, ciertamente, pero también hambre de sentido, de escucha, de consuelo, de una palabra que devuelva esperanza. A veces las personas no dicen lo que les pasa, pero lo llevan en el rostro, en el silencio, en el cansancio acumulado. Jesús nos enseña a mirar así: no solo lo evidente, sino también lo que el otro no logra expresar.

La compasión cristiana comienza cuando dejamos de pasar de largo. Cuando el dolor ajeno deja de parecernos una molestia y empieza a tocarnos el corazón.

“Me da pena esta multitud”

La frase de Jesús es muy cercana: siente pena por la multitud. No es lástima superficial. Es una compasión que se involucra. Jesús no mira desde lejos; se deja afectar por la necesidad de quienes lo siguen. Su corazón no se acostumbra al sufrimiento.

Esto nos hace pensar en nuestra propia sensibilidad. A veces, por cansancio o por costumbre, nos endurecemos. Vemos necesidades, pero seguimos adelante. Escuchamos problemas, pero nos cerramos. Nos protegemos tanto que terminamos volviéndonos indiferentes.

El Evangelio de hoy nos llama a recuperar un corazón capaz de conmoverse. No para cargar con todo de manera desordenada, sino para no perder humanidad. Una fe sin compasión se vuelve seca. En cambio, cuando el corazón se parece al de Jesús, empieza a preguntarse: ¿qué puedo hacer, aunque sea poco?

El desierto y la sensación de no alcanzar

Los discípulos responden con realismo: están en un lugar despoblado y no ven de dónde podría salir alimento para tanta gente. Su pregunta refleja una experiencia muy nuestra: la necesidad es grande y los recursos parecen pocos.

Cuántas veces sentimos eso. En la familia, en el trabajo, en la comunidad, ante una situación difícil: “no alcanza”, “no puedo”, “no sé cómo”. Y es verdad que muchas veces nuestras fuerzas son limitadas. Pero el Evangelio no se queda en la escasez. La compasión de Jesús abre una posibilidad donde los discípulos solo ven imposibilidad.

La fe no niega los límites, pero tampoco los convierte en la última palabra. Dios suele empezar a obrar justamente cuando reconocemos que solos no podemos.

Ofrecer lo poco y confiar

Aunque el pasaje de hoy se detiene en la dificultad inicial, ya deja preparada una enseñanza decisiva: Jesús no es indiferente al hambre de su pueblo. Donde hay compasión, puede comenzar el milagro. Donde alguien se anima a confiar, lo poco puede abrirse a una abundancia inesperada.

Tal vez hoy el Señor nos pide mirar mejor. Ver a quien está cansado cerca nuestro. Escuchar a quien viene caminando con hambre de esperanza. Ofrecer una ayuda sencilla, una palabra, un tiempo, una oración. No se nos pide resolverlo todo, pero sí poner el corazón disponible.

Pidamos la gracia de no acostumbrarnos al dolor ajeno y de no excusarnos siempre en lo poco que tenemos. Porque cuando una pequeña entrega se pone en manos de Jesús, puede convertirse en alimento para muchos.


Un momento de oración para aquietar el corazón.

Después de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.


Lecturas Bíblicas del día de Hoy


Primera Lectura de Hoy Viernes 26 de Junio.

Segundo Libro de los Reyes 25, 1-12.

El día diez del mes décimo del año noveno del reinado de Sedecías, Nabucodonosor, rey de Babilonia, vino a Jerusalén con todo su ejército, la sitió y construyó torres de asalto alrededor de ella. La ciudad estuvo sitiada hasta el año undécimo del reinado de Sedecías.

El día nueve del cuarto mes, cuando el hambre había arreciado en la ciudad y la población no tenía ya nada que comer, abrieron una brecha en la muralla de la ciudad. El rey Sedecías y sus hombres huyeron de noche por el camino de la puerta que está entre los dos muros del jardín del rey, y ocultándose de los caldeos, que tenían cercada la ciudad, escaparon en dirección al desierto.

El ejército caldeo persiguió al rey y le dio alcance en los llanos de Jericó, donde su ejército se dispersó y lo abandonó. Los caldeos capturaron al rey y lo llevaron a Riblá, donde estaba Nabucodonosor, rey de Babilonia, quien lo sometió a juicio. Nabucodonosor hizo degollar a los hijos de Sedecías en su presencia, mandó que le sacaran los ojos y lo condujo encadenado a Babilonia.

El día séptimo del quinto mes del año décimo noveno del reinado de Nabucodonosor en Babilonia, Nebuzaradán, jefe del ejército caldeo y súbdito del rey de Babilonia, entró en Jerusalén, quemó el templo del Señor, el palacio real y todas las casas de Jerusalén. Los soldados caldeos, que estaban con el jefe del ejército, destruyeron las murallas que rodeaban la ciudad. Nebuzaradán deportó al resto de la población y también a los que se habían rendido al rey de Babilonia, y sólo dejó a algunos campesinos pobres para trabajar las viñas y los campos.


Salmo Responsorial de Hoy Salmo 136, 1-2. 3. 4-5. 6.

Junto a los ríos de Babilonia nos sentábamos
a llorar de nostalgia;
de los sauces que estaban en la orilla
colgamos nuestras arpas.
Tu recuerdo, Señor, es mi alegría.

Aquellos que cautivos nos tenían
pidieron que cantáramos.
Decían los opresores:
“Algún cantar de Sión, alegres, cántennos”.
Tu recuerdo, Señor, es mi alegría.

Pero, ¿cómo podíamos cantar
un himno del Señor en tierra extraña?
¡Que la mano derecha se me seque,
si de ti, Jerusalén, yo me olvidara!
Tu recuerdo, Señor, es mi alegría.

¡Que se me pegue al paladar la lengua,
Jerusalén, si no te recordara,
o si fuera de ti,
alguna otra alegría yo buscara!
Tu recuerdo, Señor, es mi alegría.


Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Cristo hizo suyas nuestras debilidades
y cargó con nuestros dolores.
Aleluya.


Evangelio de Hoy Viernes 26 de Junio de 2026.

Evangelio según San Marcos 8, 1-4.

En aquel tiempo, cuando Jesús bajó de la montaña, lo iba siguiendo una gran multitud. De pronto se le acercó un leproso, se postró ante él y le dijo: “Señor, si quieres, puedes curarme”. Jesús extendió la mano y lo tocó, diciéndole: “Sí quiero, queda curado”.

Inmediatamente quedó limpio de la lepra. Jesús le dijo: “No le vayas a contar esto a nadie. Pero ve ahora a presentarte al sacerdote y lleva la ofrenda prescrita por Moisés para probar tu curación”.


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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.

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