Martes de la XIX semana del Tiempo ordinario
Difundiendo La Palabra es un lugar creado para orar y meditar la Palabra de Dios. Hoy, Martes de la XIX semana del Tiempo ordinario encontrará el Evangelio según San Mateo 18, 1-5. 10. 12-14 acompañado de una reflexión pastoral que lo ayudará a comprenderlo y vivirlo con fidelidad. También incluimos las lecturas del día y el Salmo Responsorial.
Homilía y reflexión del Evangelio de hoy Martes 11 de Agosto de 2026.
Hacerse pequeños para entrar en el Reino
Los discípulos se acercan a Jesús con una pregunta que revela una preocupación muy humana: quién es el más grande en el Reino de los Cielos. Están pensando en lugares, importancia, reconocimiento. Jesús responde de una manera inesperada: llama a un niño, lo pone en medio y señala que hay que hacerse como niños.
El gesto es muy fuerte. Jesús no pone en el centro a alguien poderoso, sabio o influyente. Pone a un pequeño, a alguien que no cuenta por sus méritos, que no puede imponerse, que necesita ser recibido y cuidado. Con eso cambia la medida de la grandeza.
Para Jesús, ser grande no es dominar, destacarse o ser admirado. Es aprender la humildad del pequeño. No una infantilidad inmadura, sino una confianza sencilla, una disponibilidad del corazón, una libertad frente al orgullo. El Reino se abre a quienes dejan de vivir obsesionados por ocupar el primer lugar.
Convertirse y bajar del pedestal
Jesús dice que si no cambiamos y no nos hacemos como niños, no entraremos en el Reino. La palabra es exigente: hace falta conversión. No basta admirar la humildad; hay que dejar que Dios nos quite la soberbia, la comparación, la necesidad de tener siempre razón, el deseo de ser más que los demás.
A veces nos cuesta hacernos pequeños porque confundimos pequeñez con debilidad. Pero Jesús no nos pide anularnos, sino vivir en la verdad. Somos hijos necesitados del Padre. Dependemos de su gracia. No tenemos que demostrar valor todo el tiempo ni sostener una imagen perfecta ante los demás.
Bajar del pedestal puede significar pedir perdón, reconocer que nos equivocamos, aceptar ayuda, escuchar a alguien sencillo, no buscar aplauso, servir sin figurar. Es una conversión concreta y diaria. El orgullo encierra; la humildad abre la puerta al Reino.
Recibir a los pequeños es recibir a Jesús
Jesús añade que quien recibe a un niño en su nombre, lo recibe a Él. Esta frase nos lleva de la humildad personal al trato con los demás. Los pequeños no son solo los niños, sino todos aquellos que muchas veces quedan al margen: los frágiles, los pobres, los heridos, los que no tienen voz, los que necesitan paciencia, los que no pueden devolvernos nada.
Recibir a Jesús pasa por recibirlos a ellos. No se puede amar al Señor y despreciar a quienes Él pone en medio. La manera en que tratamos a los más vulnerables revela mucho de nuestra fe.
Esto interpela nuestra vida cotidiana. En la familia, en la comunidad, en el trabajo, puede haber personas que requieren más cuidado, más escucha, más comprensión. A veces nos resultan incómodas porque rompen nuestro ritmo o nos obligan a salir de nosotros mismos. Pero allí Jesús se deja encontrar.
El Padre no quiere que se pierda ninguno
La imagen de la oveja perdida revela el corazón del Padre. El pastor deja las noventa y nueve y va en busca de la que se extravió. Para Dios, nadie es descartable. Nadie queda reducido a su caída, a su error o a su distancia. Cada vida importa.
Esto es una fuente enorme de esperanza. Tal vez conocemos a alguien que se alejó, que está confundido, que parece perdido. Tal vez nosotros mismos nos sentimos así en algún momento: fuera del camino, débiles, sin fuerzas para volver. Jesús nos muestra que el Padre no mira con indiferencia al que se pierde. Sale a buscar.
También nos invita a mirar a los demás con ese mismo deseo de salvación. No con juicio rápido, no con desprecio, no con resignación. El corazón cristiano no se alegra cuando alguien cae; desea que vuelva a la vida.
Pidamos hoy la gracia de hacernos pequeños ante Dios y misericordiosos con los pequeños de este mundo. Que sepamos recibir, cuidar y buscar, como el Padre nos recibe, nos cuida y nos busca a nosotros.
Un momento de oración para aquietar el corazón.
Después de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.
Lecturas Bíblicas del día de Hoy
Primera Lectura de Hoy Martes 11 de Agosto.
Libro de Ezequiel 2, 8-10; 3, 1-4.
Esto dice el Señor: “Hijo de hombre, escucha lo que voy a decirte y no seas rebelde como la casa rebelde. Abre la boca y come lo que voy a darte”.
Vi entonces una mano tendida hacia mí, con un libro enrollado. Lo desenrolló ante mí: estaba escrito por dentro y por fuera; tenía escritas lamentaciones y amenazas. Y me dijo: “Hijo de hombre, come lo que tienes aquí; cómete este libro y vete a hablar a los hijos de Israel”.
Abrí la boca y me dio a comer el libro, diciéndome: “Hijo de hombre, alimenta tu vientre y sacia tus entrañas con este libro que te doy”. Me lo comí y me supo dulce como la miel. Y me dijo: “Hijo de hombre, anda; dirígete a los hijos de Israel y diles mis palabras”.
Salmo Responsorial de Hoy – Salmo 118, 14. 24. 72 103. 111. 131.
Me gozo más cumpliendo tus preceptos
que teniendo riquezas.
Tus mandamientos, Señor, so mi alegría;
ellos son también mis consejeros.
Tus mandamientos, Señor, son mi alegría.
Para mí valen más estimo tus enseñanzas
que miles de monedas de oro y plata.
¡Qué dulces al paladar son tus promesas!
Más que la miel en la boca.
Tus mandamientos, Señor, son mi alegría.
Tus preceptos son mi herencia perpetua,
la alegría de mi corazón.
Hondamente suspiro, Señor,
por guardar tus mandamientos.
Tus mandamientos, Señor, son mi alegría.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Tomen mi yugo sobre ustedes, dice el Señor,
y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón.
Aleluya.
Evangelio de Hoy Martes 11 de Agosto de 2026.
Evangelio según San Mateo 18, 1-5. 10. 12-14.
En cierta ocasión, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: “¿Quién es el más grande en el Reino de los cielos?”
Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y les dijo: “Yo les aseguro a ustedes que si no cambian y no se hacen como los niños, no entrarán en el Reino de los cielos. Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el Reino de los cielos. Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, me recibe a mí.
Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, pues yo les digo que sus ángeles, en el cielo, ven continuamente el rostro de mi Padre, que está en el cielo.
¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿acaso no deja las noventa y nueve en los montes, y se va a buscar a la que se le perdió? Y si llega a encontrarla, les aseguro que se alegrará más por ella, que por las noventa y nueve que no se le perdieron.
De igual modo, el Padre celestial no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños’’.
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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.
