Evangelio De Hoy 13 de Agosto

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Difundiendo La Palabra es un lugar creado para orar y meditar la Palabra de Dios. Hoy, día de la Jueves de la XIX semana del Tiempo ordinario encontrará el Evangelio según San Mateo 18, 21-35; 19, 1 acompañado de una reflexión pastoral que lo ayudará a comprenderlo y a vivirlo con fidelidad. También incluimos las lecturas del día y el Salmo Responsorial.



Homilía y reflexión del Evangelio de hoy 13 de Agosto de 2026

¿Cuántas veces tengo que perdonar?

Pedro se acerca a Jesús con una pregunta muy humana: cuántas veces debe perdonar a su hermano. Incluso propone un número generoso: siete veces. Para una mirada común, eso ya parece mucho. Pero Jesús rompe el cálculo y lleva el perdón a otra medida: no siete, sino setenta veces siete.

Con esto no está diciendo que haya que permitir cualquier abuso ni negar el daño recibido. Perdonar no significa justificar el mal, ni olvidar mágicamente, ni renunciar a la justicia cuando es necesaria. Jesús habla de otra cosa: de no vivir contando el perdón como quien lleva una deuda en una libreta.

El corazón herido tiende a medir. Recuerda, suma, compara, guarda. “Ya perdoné demasiado”, “otra vez lo mismo”, “esta no la dejo pasar”. El Señor sabe que el resentimiento puede volverse una cárcel. Por eso nos invita a una libertad más grande: perdonar no porque el otro siempre lo merezca, sino porque nosotros hemos sido perdonados primero.

Una deuda imposible de pagar

La parábola presenta a un servidor que debe una suma inmensa, imposible de devolver. Está perdido. No tiene cómo pagar. Solo puede suplicar paciencia. Y el rey, movido por compasión, no solo le da tiempo: le perdona toda la deuda.

Esa escena nos pone delante de la misericordia de Dios. Cada uno de nosotros ha sido perdonado mucho más de lo que puede calcular. Dios nos ha tenido paciencia, nos ha levantado, nos ha dado nuevas oportunidades, nos ha sostenido cuando no merecíamos tanto amor.

A veces olvidamos esta verdad. Miramos con dureza la deuda ajena y dejamos de recordar la nuestra. Nos volvemos exigentes con los demás y blandos para justificarnos a nosotros mismos. La memoria del perdón recibido es fundamental para vivir como discípulos. Quien se sabe perdonado no puede mirar al hermano como si él mismo nunca hubiera necesitado misericordia.

El peligro de un corazón sin compasión

El mismo servidor perdonado encuentra a un compañero que le debe una cantidad pequeña. En lugar de tener misericordia, lo toma del cuello y exige el pago. La escena duele porque muestra una contradicción profunda: recibió compasión, pero no aprendió a compadecerse.

También nosotros podemos caer en esa incoherencia. Pedimos a Dios comprensión para nuestras caídas, pero somos implacables ante las caídas de otros. Queremos que Dios nos espere, pero no esperamos a nadie. Suplicamos perdón, pero nos cuesta soltar el rencor.

El resentimiento endurece la mirada. Hace que el otro quede reducido a lo que nos hizo. Ya no vemos su historia, su fragilidad, su posibilidad de cambiar. El perdón, en cambio, no niega la herida, pero se niega a convertir la herida en centro de toda la vida.

Perdonar desde el corazón

Jesús termina señalando la necesidad de perdonar de corazón. No se trata solo de decir palabras correctas por fuera, mientras por dentro seguimos alimentando venganza. El perdón cristiano es un camino interior, a veces largo, que necesita la ayuda de Dios.

Hay heridas que requieren tiempo, distancia prudente, acompañamiento, límites claros y mucha oración. Pero aun en esos procesos, el Señor nos invita a no dejar que el odio sea quien gobierne. Perdonar de corazón es pedir la gracia de mirar desde la misericordia, renunciar al deseo de destruir al otro y entregar a Dios aquello que nosotros solos no podemos sanar.

El pasaje concluye mostrando a Jesús que sigue su camino. También nosotros estamos llamados a seguir caminando. No podemos quedar detenidos para siempre en las cuentas pendientes.

Pidamos hoy la gracia de recordar cuánto hemos sido perdonados. Que esa memoria ablande nuestras durezas y nos ayude a dar pasos concretos hacia la reconciliación posible, la paz interior y la libertad de un corazón que ya no quiere vivir encadenado al rencor.


Un momento de oración para aquietar el corazón.

Después de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.


Lecturas Bíblicas del día de Hoy


Primera Lectura de Hoy Jueves 13 de Agosto

Libro de Ezequiel 12, 1-12.

El Señor me habló y me dijo: “Hijo de hombre, vives en medio de un pueblo rebelde: tienen ojos para ver y no ven, oídos para oír y no oyen, porque son un pueblo rebelde.

Ahora, pues, hijo de hombre, prepara tus cosas como quien va al destierro y vete de día, ante la vista de todos, a ver si se dan cuenta de que son un pueblo rebelde. Arregla tus cosas como quien va al destierro, de día, ante la vista de todos y sal por la tarde, a la vista de todos, como salen los desterrados. Haz, a la vista de todos, un agujero en la pared y sal por ahí. Ante la vista de todos, échate tus cosas al hombro y sal en la oscuridad; cúbrete la cara para no ver el país, porque te he convertido en una señal para el pueblo de Israel’’.

Hice, pues, lo que el Señor me había ordenado: de día preparé mis cosas como quien va al destierro; por la tarde hice un agujero en la pared, con la mano, y salí en la oscuridad, con mis cosas al hombro, ante la vista de todos.

A la mañana siguiente, el Señor me habló y me dijo: “Hijo de hombre, ¿no te ha preguntado el pueblo de Israel, ese pueblo rebelde, qué era lo que estabas haciendo? Pues anúnciales: ‘Esto dice el Señor: Estas palabras se refieren al príncipe que está en Jerusalén y a todo el pueblo de Israel, que vive en la ciudad’.

Diles: ‘Yo soy una señal para ustedes: lo que yo he hecho, eso harán con ustedes: irán cautivos al destierro y su príncipe, con sus cosas al hombro, saldrá en la oscuridad; perforarán una pared para que pueda salir y él se cubrirá la cara para no ver el país con sus ojos’ ”.


Salmo Responsorial de Hoy Salmo 77, 56-57. 58-59. 61-62.

Los israelitas provocaron al Dios altísimo
y se rebelaron contra él,
negándose a guardar sus preceptos.
Desertaron y lo traicionaron, como sus padres,
fallaron como un arco mal hecho.
Perdona a tu pueblo, Señor.

En sus colinas lo encolerizaban,
con sus ídolos provocaban sus celos.
Dios lo oyó y se indignó,
y rechazó totalmente a Israel.
Perdona a tu pueblo, Señor.

Mandó sus soldados al cautiverio
y el arca de la alianza, a las manos enemigas;
entregó su pueblo a la espada,
encolerizado contra su heredad.
Perdona a tu pueblo, Señor.


Aclamación antes del Evangelio

 Aleluya, aleluya.
Señor, mira benignamente a tus siervos
y enséñanos a cumplir tus mandamientos.
Aleluya.



Evangelio de Hoy Jueves 13 de Agosto de 2026

Evangelio según San Mateo 18, 21-35; 19, 1.

En aquel tiempo, Pedro se acercó a Jesús y le preguntó: “Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?” Jesús le contestó: “No sólo hasta siete, sino hasta setenta veces siete”.

Entonces Jesús les dijo: “El Reino de los cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus servidores. El primero que le presentaron, le debía muchos millones. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él, a su mujer, a sus hijos y todas sus posesiones, para saldar la deuda. El servidor, arrojándose a sus pies, le suplicaba, diciendo: ‘Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo’. El rey tuvo lástima de aquel servidor, lo soltó y hasta le perdonó la deuda.

Pero, apenas había salido aquel servidor, se encontró con uno de sus compañeros, que le debía poco dinero. Entonces lo agarró por el cuello y casi lo estrangulaba, mientras le decía: ‘Págame lo que me debes’. El compañero se le arrodilló y le rogaba: ‘Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo’. Pero el otro no quiso escucharlo, sino que fue y lo metió en la cárcel hasta que le pagara la deuda.

Al ver lo ocurrido, sus compañeros se llenaron de indignación y fueron a contarle al rey lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: ‘Siervo malvado. Te perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también haber tenido compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?’ Y el señor, encolerizado, lo entregó a los verdugos para que no lo soltaran hasta que pagara lo que debía.

Pues lo mismo hará mi Padre celestial con ustedes si cada cual no perdona de corazón a su hermano’’.

Cuando Jesús terminó de hablar, salió de Galilea y fue a la región de Judea que queda al otro lado del Jordán.


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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.

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