Sábado de la XIII semana del Tiempo ordinario.
Difundiendo La Palabra es un lugar creado para orar y meditar la Palabra de Dios. Hoy, Sábado de la XIII semana del Tiempo ordinario encontrará el Evangelio según San Mateo 9, 14-17 acompañado de una reflexión pastoral que lo ayudará a comprenderlo y a vivirlo con fidelidad. También incluimos las lecturas del día y el Salmo Responsorial.
Homilía y reflexión del Evangelio de hoy 4 de Julio.
Cuando la fe no puede vivirse como una costumbre vacía
Los discípulos de Juan se acercan a Jesús con una pregunta sincera: ¿por qué ellos ayunan y los discípulos de Jesús no? La inquietud nace de una comparación religiosa. Unos practican una forma visible de penitencia; otros parecen vivir de un modo distinto. Jesús no rechaza el ayuno, pero quiere mostrar que la fe no puede reducirse a repetir prácticas sin comprender su sentido.
Hay momentos en los que una práctica ayuda a acercarnos a Dios, y otros en los que puede volverse solo una costumbre exterior. Rezar, ayunar, participar, ofrecer sacrificios: todo eso tiene valor cuando nace de un corazón que busca al Señor. Pero si se hace por rutina, comparación o apariencia, pierde profundidad.
Jesús nos invita a mirar la intención. No se trata solo de preguntarnos qué hacemos, sino desde dónde lo hacemos. Porque una obra religiosa sin amor puede quedar vacía, mientras que un gesto sencillo, hecho con verdad, puede abrir el corazón a Dios.
La presencia del Esposo cambia el tiempo
Jesús usa una imagen muy hermosa: los amigos del esposo no pueden estar de duelo mientras el esposo está con ellos. Con esto revela que su presencia inaugura un tiempo nuevo. Allí donde está Cristo, la fe no se vive solo como esfuerzo, sino también como encuentro, alegría y comunión.
Esto no significa que la vida cristiana sea siempre fácil o que no haya momentos de renuncia. Jesús mismo anuncia que llegará el tiempo del ayuno. Pero primero quiere que entendamos algo esencial: la relación con Dios no nace del miedo, sino del amor. No seguimos a Cristo como quien carga una obligación sin sentido, sino como quien ha encontrado una presencia que da vida.
A veces nuestra fe se vuelve demasiado pesada porque olvidamos esa presencia. Cumplimos, hacemos, sostenemos prácticas, pero sin alegría interior. Este Evangelio nos recuerda que Cristo es el centro. Si Él está en el corazón, incluso la renuncia cobra sentido. Si Él falta, hasta las prácticas más buenas pueden sentirse como carga.
El paño nuevo y los odres nuevos
Jesús habla luego del paño nuevo y del vino nuevo. Son imágenes sencillas, pero muy fuertes. No se puede poner una novedad viva dentro de estructuras viejas que no están dispuestas a cambiar. El Evangelio no es un remiendo para seguir igual. Es una vida nueva que necesita un corazón nuevo.
Esta palabra nos cuestiona. Muchas veces queremos que Jesús entre en nuestra vida, pero sin tocar demasiado nuestras costumbres, nuestros criterios, nuestras seguridades. Queremos consuelo, pero no conversión. Queremos paz, pero sin soltar aquello que nos desordena. Queremos vino nuevo, pero en odres viejos.
Cristo no viene simplemente a mejorar un poco la superficie. Viene a renovar desde dentro. Por eso seguirlo implica abrir espacios nuevos: una manera distinta de mirar, de amar, de perdonar, de decidir. No basta con agregar algo religioso a una vida cerrada. Hace falta dejar que el Señor ensanche el corazón.
Dejar que Dios renueve lo que ya se endureció
El Evangelio de hoy nos invita a revisar qué zonas de nuestra vida se han vuelto rígidas. Tal vez una forma de pensar, una herida que no queremos soltar, una práctica religiosa hecha sin alma, una resistencia al cambio, una tristeza que se volvió costumbre.
Jesús no desprecia lo antiguo por ser antiguo. Pero nos advierte que la novedad de Dios necesita disponibilidad. Un corazón endurecido no puede recibir plenamente el vino nuevo del Reino. Un corazón humilde, en cambio, aunque sea frágil, puede empezar de nuevo.
Pidamos hoy la gracia de una fe más viva. Que nuestras prácticas no sean rutina vacía, que nuestras renuncias nazcan del amor, y que nuestro corazón se deje renovar por Cristo. Porque cuando Dios trae vino nuevo, no es para destruir nuestra vida, sino para llenarla de una alegría más profunda y verdadera.
Un momento de oración para aquietar el corazón.
Después de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.
Lecturas Bíblicas del día de Hoy
Primera Lectura de Hoy Sábado 4 de Julio.
Libro de Amós 9, 11-15.
Esto dice el Señor:
“Aquel día renovaré la casa de David convertida en ruinas,
taparé sus brechas, levantaré sus muros
y la reconstruiré como era en otros tiempos,
para que entre en posesión de lo que queda de Edom
y de todas las naciones donde se invocó mi nombre”.
Esto dice el Señor y él se encargará de cumplirlo.
“Días vendrán, dice el Señor,
cuando el que ara alcanzará al segador
y el que pisa las uvas, al sembrador;
de los montes brotará vino y correrá por las colinas.
Entonces haré volver a los cautivos de Israel:
reconstruirán las ciudades destruidas y las habitarán,
plantarán viñas y beberán de su vino,
cultivarán huertos y comerán de sus frutos.
Los plantaré en su suelo
y ya no serán arrancados de la tierra que yo les di”,
dice el Señor, tu Dios.
Salmo Responsorial de Hoy – Salmo 84, 9. 11-12. 13-14.
Escucharé las palabras del Señor,
palabras de paz para su pueblo santo
y para los que se convierten de corazón.
Escucharé las palabras del Señor.
La misericordia y la verdad se encontraron,
la justicia y la paz se besaron,
la fidelidad brotó en la tierra
y la justicia vino del cielo.
Escucharé las palabras del Señor.
Cuando el Señor nos muestre su bondad,
nuestra tierra producirá su fruto.
La justicia le abrirá camino al Señor
e irá siguiendo sus pisadas.
Escucharé las palabras del Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Mis ovejas escuchan mi voz, dice el Señor;
yo las conozco y ellas me siguen.
Aleluya.
Evangelio de Hoy Sábado 4 de Julio de 2026.
Evangelio según San Mateo 9, 14-17.
En aquel tiempo, los discípulos de Juan fueron a ver a Jesús y le preguntaron: “¿Por qué tus discípulos no ayunan, mientras nosotros y los fariseos sí ayunamos?” Jesús les respondió: “¿Cómo pueden llevar luto los amigos del esposo, mientras él está con ellos? Pero ya vendrán días en que les quitarán al esposo, y entonces sí ayunarán.
Nadie remienda un vestido viejo con un parche de tela nueva, porque el remiendo nuevo encoge, rompe la tela vieja y así se hace luego más grande la rotura. Nadie echa el vino nuevo en odres viejos, porque los odres se rasgan, se tira el vino y se echan a perder los odres. El vino nuevo se echa en odres nuevos y así las dos cosas se conservan’’.
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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.
