Miércoles de la octava de Pascua.
Difundiendo La Palabra es un lugar creado para orar y meditar la Palabra de Dios. Hoy, Miércoles de la octava de Pascua, encontrará el Evangelio según San Lucas 24, 13-35 acompañado de una reflexión pastoral que lo ayudará a comprenderlo y a vivirlo con fidelidad. También incluimos las lecturas del día y el Salmo Responsorial.
Homilía y reflexión del Evangelio de hoy.
Un camino marcado por la desilusión
El Evangelio de hoy nos presenta a dos discípulos que se alejan, con el corazón triste y confundido. Han vivido acontecimientos que no logran comprender y sienten que todo lo que esperaban se ha derrumbado. Caminan, hablan entre ellos, intentan encontrar sentido, pero la desilusión pesa más que la esperanza.
Esta escena refleja momentos muy humanos. También nosotros, en ciertas etapas de la vida, experimentamos decepción, incertidumbre o cansancio interior. Caminamos, seguimos adelante, pero con el corazón cargado. El Evangelio nos recuerda que incluso en esos caminos de tristeza, Dios no se aleja.
Una presencia que acompaña en silencio
Jesús se acerca y camina con ellos, pero no lo reconocen. Está presente, escucha, acompaña, sin imponerse. Este detalle es profundamente consolador: Dios no abandona, incluso cuando no lo percibimos.
Muchas veces esperamos una intervención clara, visible, inmediata. Sin embargo, el Evangelio nos muestra que Dios también actúa en el acompañamiento silencioso, en la cercanía que sostiene sin hacerse evidente de inmediato.
En la vida cotidiana, esta presencia puede manifestarse en pequeños signos: una palabra que nos consuela, una persona que nos escucha, una intuición que nos orienta. Dios camina con nosotros, incluso cuando creemos estar solos.
El corazón que comienza a arder
A lo largo del camino, algo empieza a cambiar en el interior de los discípulos. Sus corazones se encienden poco a poco. No comprenden todo de inmediato, pero sienten que algo nuevo está ocurriendo.
Este proceso es muy importante. La fe no siempre llega de golpe; muchas veces crece lentamente, en el interior, a través de un camino. Dios va iluminando poco a poco, despertando la esperanza, renovando la mirada.
En nuestra vida, también podemos experimentar ese “ardor” interior: una paz que aparece, una claridad nueva, una fuerza que nos impulsa a seguir. Es la presencia de Dios que actúa desde dentro.
Reconocer y volver con esperanza
El momento decisivo llega cuando lo reconocen. Entonces todo cobra sentido. Lo que parecía confuso comienza a iluminarse. Y ese reconocimiento los impulsa a cambiar de dirección, a regresar, a compartir la experiencia.
El mensaje central de este Evangelio es una invitación a reconocer a Cristo en nuestro camino y a dejarnos transformar por ese encuentro. No estamos llamados a quedarnos en la tristeza o en la desilusión, sino a abrirnos a la esperanza que renace.
En este miércoles de la octava de Pascua, podemos preguntarnos con sinceridad: ¿en qué camino estoy hoy? ¿Camino con esperanza o con desánimo? ¿Reconozco la presencia de Dios en mi vida?
Al cerrar esta reflexión, podemos hacer un momento de silencio interior y pedirle al Señor que camine con nosotros. Que encienda nuestro corazón y nos ayude a reconocerlo en lo cotidiano. Que la alegría del encuentro con Cristo nos impulse a volver, a compartir y a vivir con una esperanza renovada.
Un momento de oración para aquietar el corazón.
Después de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.
Lecturas Bíblicas del día de Hoy
Primera Lectura de Hoy Miércoles 8 de Abril.
Libro de los Hechos de Los Apóstoles 3, 1-10.
En aquel tiempo, Pedro y Juan subieron al templo para la oración vespertina, a eso de las tres de la tarde. Había allí un hombre lisiado de nacimiento, a quien diariamente llevaban y ponían ante la puerta llamada la “Hermosa”, para que pidiera limosna a los que entraban en el templo.
Aquel hombre, al ver a Pedro y a Juan cuando iban a entrar, les pidió limosna. Pedro y Juan fijaron en él los ojos, y Pedro le dijo: “Míranos”. El hombre se quedó mirándolos en espera de que le dieran algo. Entonces Pedro le dijo: “No tengo ni oro ni plata, pero te voy a dar lo que tengo: En el nombre de Jesucristo nazareno, levántate y camina”. Y, tomándolo de la mano, lo incorporó.
Al instante sus pies y sus tobillos adquirieron firmeza. De un salto se puso de pie, empezó a andar y entró con ellos al templo caminando, saltando y alabando a Dios.
Todo el pueblo lo vio caminar y alabar a Dios, y al darse cuenta de que era el mismo que pedía limosna sentado junto a la puerta “Hermosa” del templo, quedaron llenos de miedo y no salían de su asombro por lo que había sucedido.
Salmo Responsorial de Hoy – Salmo 104, 1-2. 3-4. 6-7. 8-9.
Aclamen al Señor y denle gracias,
relaten sus prodigios a los pueblos.
Entonen en su honor himnos y cantos,
celebren sus portentos.
Cantemos al Señor con alegría. Aleluya.
Del nombre del Señor enorgullézcanse
y siéntase feliz el que lo busca.
Recurran al Señor y a su poder,
y a su presencia acudan.
Cantemos al Señor con alegría. Aleluya.
Descendientes de Abrahán, su servidor,
estirpe de Jacob, su predilecto,
escuchen: el Señor es nuestro Dios
y gobiernan la tierra sus decretos.
Cantemos al Señor con alegría. Aleluya.
Ni aunque transcurran mil generaciones,
se olvidará el Señor de sus promesas,
de la alianza pactada con Abraham,
del juramento a Isaac, que un día le hiciera.
Cantemos al Señor con alegría. Aleluya.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Éste es el día del triunfo del Señor,
día de júbilo y de gozo.
Aleluya.
Evangelio de Hoy Miércoles de 8 de Abril.
Evangelio según San Lucas 24, 13-35.
El mismo día de la resurrección, iban dos de los discípulos hacia un pueblo llamado Emaús, situado a unos once kilómetros de Jerusalén, y comentaban todo lo que había sucedido.
Mientras conversaban y discutían, Jesús se les acercó y comenzó a caminar con ellos; pero los ojos de los dos discípulos estaban velados y no lo reconocieron. Él les preguntó: “¿De qué cosas vienen hablando, tan llenos de tristeza?”
Uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: “¿Eres tú el único forastero que no sabe lo que ha sucedido estos días en Jerusalén?” Él les preguntó: “¿Qué cosa?” Ellos le respondieron: “Lo de Jesús el nazareno, que era un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo. Cómo los sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él sería el libertador de Israel, y sin embargo, han pasado ya tres días desde que estas cosas sucedieron. Es cierto que algunas mujeres de nuestro grupo nos han desconcertado, pues fueron de madrugada al sepulcro, no encontraron el cuerpo y llegaron contando que se les habían aparecido unos ángeles, que les dijeron que estaba vivo. Algunos de nuestros compañeros fueron al sepulcro y hallaron todo como habían dicho las mujeres, pero a él no lo vieron”.
Entonces Jesús les dijo: “¡Qué insensatos son ustedes y qué duros de corazón para creer todo lo anunciado por los profetas! ¿Acaso no era necesario que el Mesías padeciera todo esto y así entrara en su gloria?” Y comenzando por Moisés y siguiendo con todos los profetas, les explicó todos los pasajes de la Escritura que se referían a él.
Ya cerca del pueblo a donde se dirigían, él hizo como que iba más lejos; pero ellos le insistieron, diciendo: “Quédate con nosotros, porque ya es tarde y pronto va a oscurecer”. Y entró para quedarse con ellos. Cuando estaban a la mesa, tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero él se les desapareció. Y ellos se decían el uno al otro: “¡Con razón nuestro corazón ardía, mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras!”
Se levantaron inmediatamente y regresaron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, los cuales les dijeron: “De veras ha resucitado el Señor y se le ha aparecido a Simón”. Entonces ellos contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.
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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.
