Evangelio De Hoy 23 de Julio

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Difundiendo La Palabra es un lugar creado para orar y meditar la Palabra de Dios. Hoy, día de la Jueves de la XVI semana del Tiempo ordinario encontrará el Evangelio según San Mateo 13, 10-17 acompañado de una reflexión pastoral que lo ayudará a comprenderlo y a vivirlo con fidelidad. También incluimos las lecturas del día y el Salmo Responsorial.



Homilía y reflexión del Evangelio de hoy 23 de Julio de 2026.

Escuchar no siempre es comprender

Los discípulos le preguntan a Jesús por qué habla en parábolas. La pregunta nace de una inquietud real: no todos reciben sus palabras de la misma manera. Algunos escuchan y se abren; otros escuchan y permanecen cerrados. La misma semilla cae, pero no encuentra siempre la misma tierra.

Jesús muestra que el problema no está solo en oír con los oídos, sino en recibir con el corazón. Hay una escucha superficial, distraída, que deja pasar la Palabra sin permitirle entrar. Y hay una escucha humilde, paciente, que busca comprender y dejarse transformar.

Esto puede pasar también en nuestra vida de fe. Podemos escuchar muchas veces el Evangelio, conocer frases, rezar oraciones aprendidas, participar de celebraciones, y aun así no dejar que Dios toque nuestras decisiones concretas. La Palabra no busca solo informarnos; quiere abrirnos los ojos, sanar la mirada y orientar la vida.

El corazón que se vuelve pesado

Jesús habla de un pueblo que mira sin ver y oye sin entender, porque su corazón se ha vuelto insensible. Es una expresión fuerte. El corazón puede endurecerse poco a poco, no siempre por rechazo abierto a Dios, sino por cansancio, orgullo, rutina, heridas, comodidad o exceso de ruido interior.

Cuando el corazón se vuelve pesado, cuesta reconocer la voz del Señor. Todo parece igual. La fe se vuelve costumbre. La oración se enfría. El sufrimiento ajeno ya no conmueve. Las llamadas de Dios se postergan para después. Y así, sin darnos cuenta, podemos vivir cerca de la Palabra, pero lejos de su fuerza transformadora.

La buena noticia es que un corazón endurecido puede volver a ablandarse. Dios no deja de llamar. A veces una situación difícil, una palabra oportuna, una pérdida, una alegría inesperada o una necesidad profunda vuelven a abrir en nosotros un espacio para escuchar.

Dichosos los ojos que ven

Jesús les dice a sus discípulos que son felices porque sus ojos ven y sus oídos oyen. No se trata de un privilegio para sentirse superiores, sino de una gracia para agradecer. Ellos están viendo lo que muchos desearon ver: la presencia de Dios acercándose en Jesús.

También nosotros hemos recibido mucho. Tenemos la Palabra, la fe transmitida, la comunidad, los sacramentos, tantos signos de la paciencia de Dios en nuestra historia. Tal vez no siempre lo valoramos. Nos acostumbramos a lo que debería maravillarnos.

La felicidad de la que habla Jesús nace de reconocer la presencia de Dios. Ver no es solo mirar acontecimientos; es descubrir en ellos una llamada. Oír no es solo recibir sonidos; es dejar que la voz de Dios ilumine el corazón. Cuando uno aprende a mirar y escuchar así, incluso lo cotidiano puede convertirse en lugar de encuentro con el Señor.

Abrir el corazón para ser sanados

Jesús recuerda que Dios quiere que el pueblo se convierta y sea sanado. Esa es la finalidad de la Palabra: no condenar, sino curar; no confundir, sino despertar; no alejar, sino conducir de nuevo al Padre.

Por eso, la pregunta central de este Evangelio no es solo si escuchamos, sino cómo escuchamos. ¿Escuchamos para justificarnos o para cambiar? ¿Para confirmar nuestras ideas o para dejarnos guiar? ¿Para cumplir una costumbre o para encontrarnos con Cristo?

Hoy podemos pedir la gracia de una escucha nueva. Una escucha más humilde, menos apurada, menos defensiva. Que el Señor quite la dureza que nos impide ver, el ruido que nos impide oír y la tibieza que nos impide responder.

Tal vez una sola palabra de Dios, recibida de verdad, puede abrir un camino distinto. Que nuestros ojos no se acostumbren a su luz y que nuestros oídos no se cierren a su voz. Porque cuando el corazón escucha, Dios empieza a sanar desde dentro.


Un momento de oración para aquietar el corazón.

Después de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.


Lecturas Bíblicas del día de Hoy


Primera Lectura de Hoy Jueves 23 de Julio.

Libro de Jeremίas 2, 1-3. 7-8. 12-13.

En aquel tiempo, me habló el Señor y me dijo:
“Ve y grita a los oídos de Jerusalén:
‘Esto dice el Señor:
Aún recuerdo el cariño de tu juventud
y tu amor de novia para conmigo,
cuando me seguías por el desierto,
por una tierra sin cultivo.

Israel estaba consagrado al Señor
como primicia de su cosecha.
Quien se atrevía a comer de ella, cometía un delito
y la desgracia caía sobre él.

Yo los traje a ustedes a una tierra de jardines,
para que comieran de sus excelentes frutos.
Pero llegaron y profanaron mi tierra,
convirtieron mi heredad en algo abominable.

Los sacerdotes ya no hablan de Dios
y los doctores de la ley no me conocen,
los pastores han profetizado en nombre de Baal
y adoran a los ídolos.

Espántense, cielos, de ello,
horrorícense y pásmense,
–palabra del Señor–,
porque dos maldades ha cometido mi pueblo:
me abandonaron a mí, manantial de aguas vivas,
y se hicieron cisternas agrietadas,
que no retienen el agua’ ”.


Salmo Responsorial de Hoy Salmo 35, 6-7ab. 8-9. 10-11.

Señor, tu misericordia es tan grande como el cielo
y tu fidelidad, como desde la tierra hasta las nubes.
Más grande que las montañas es tu justicia
y tus sentencias son como el océano inmenso.
Tu eres, Señor, la fuente de la vida.

Señor, qué inapreciable es tu misericordia.   
Los seres humanos se acogen a la sombra de tus alas,
se nutren de lo más sabroso de tu casa
y tú les das a beber el torrente de tus delicias.
Tu eres, Señor, la fuente de la vida.

Porque tú eres, Señor, la fuente de la vida
y tu luz nos hace ver la luz.
Prolonga tu misericordia con los que te reconocen
y tu justicia con los rectos de corazón.
Tu eres, Señor, la fuente de la vida.


Aclamación antes del Evangelio

 Aleluya, aleluya.
Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra,
porque has revelado los misterios del Reino
a la gente sencilla.
Aleluya.



Evangelio de Hoy Jueves 23 de Julio de 2026.

Evangelio según San Mateo 13, 10-17.

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús sus discípulos y le preguntaron: “¿Por qué les hablas en parábolas?” El les respondió: “A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los cielos; pero a ellos no. Al que tiene se le dará más y nadará en la abundancia; pero al que tiene poco, aun eso poco se le quitará. Por eso les hablo en parábolas, porque viendo no ven y oyendo no oyen ni entienden.

En ellos se cumple aquella profecía de Isaías que dice: Ustedes oirán una y otra vez y no entenderán; mirarán y volverán a mirar, pero no verán; porque este pueblo ha endurecido su corazón, ha cerrado sus ojos y tapado sus oídos, con el fin de no ver con los ojos ni oír con los oídos, ni comprender con el corazón. Porque no quieren convertirse ni que yo los salve.

Pero, dichosos ustedes, porque sus ojos ven y sus oídos oyen. Yo les aseguro que muchos profetas y muchos justos desearon ver lo que ustedes ven y no lo vieron y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron’’.


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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.

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