Evangelio De Hoy 19 de Septiembre


Difundiendo La Palabra es un lugar creado para orar y meditar la Palabra de Dios. Hoy, Sábado de la XXIV semana del Tiempo Ordinario encontrará el Evangelio según San Lucas 8, 4-15 acompañado de una reflexión pastoral que lo ayudará a comprenderlo y a vivirlo con fidelidad. También incluimos las lecturas del día y el Salmo Responsorial.


Homilía y reflexión del Evangelio de hoy 19 de Septiembre.

Una semilla que Dios sigue sembrando

Jesús habla de un sembrador que sale a sembrar. La imagen es sencilla y llena de esperanza. El sembrador no se queda esperando un terreno perfecto. Sale y esparce la semilla con generosidad, incluso sabiendo que no toda caerá en buena tierra.

Esa semilla es la Palabra de Dios. Una Palabra viva, capaz de iluminar, corregir, consolar y transformar. Dios sigue sembrando en nuestra vida: en una lectura, en una oración, en una situación que nos conmueve, en una palabra que alguien nos dice, en un silencio que nos obliga a mirar hacia dentro.

El problema no está en la semilla. La Palabra de Dios tiene fuerza. El problema puede estar en el terreno que encuentra en nosotros. Por eso esta parábola no busca desanimarnos, sino ayudarnos a mirar el corazón con sinceridad. ¿Qué tierra encuentra hoy Dios cuando nos habla?

El camino duro y la Palabra que no entra

Jesús dice que una parte de la semilla cae al borde del camino y es pisada o arrebatada. Es la Palabra que se escucha, pero no llega a entrar. Queda en la superficie, sin tocar realmente la vida.

Esto puede pasar cuando el corazón está endurecido. Tal vez por heridas, por orgullo, por rutina, por cansancio o por vivir siempre apurados. Escuchamos, pero no dejamos que Dios nos cuestione. Oímos, pero enseguida volvemos a lo mismo. La Palabra pasa cerca, pero no penetra.

No siempre un corazón duro es un corazón malo. A veces es un corazón demasiado golpeado, demasiado distraído o demasiado lleno de ruido. Pero Jesús nos invita a pedir la gracia de una tierra más abierta. Una sola palabra recibida con humildad puede comenzar a romper durezas antiguas.

Piedras y espinas que impiden crecer

Otra semilla cae sobre piedra. Brota, pero no tiene humedad ni raíz. Jesús habla de quienes reciben la Palabra con alegría, pero en el momento de la prueba abandonan. Hay entusiasmo inicial, pero poca profundidad.

La fe no puede vivir solo de emociones. Necesita raíz: oración perseverante, silencio, comunidad, sacramentos, decisiones concretas. Si la Palabra no baja a lo profundo, cualquier dificultad la seca: una crítica, una espera, una caída, una etapa de aridez.

También están las espinas: preocupaciones, riquezas y placeres de la vida que ahogan la semilla. Esta imagen es muy actual. A veces no rechazamos a Dios de frente, simplemente lo vamos dejando sin espacio. La ansiedad ocupa el corazón. El deseo de tener más nos distrae. Las ocupaciones se multiplican. Y la Palabra queda sofocada antes de dar fruto.

Por eso hace falta revisar qué espinas estamos dejando crecer. Tal vez preocupaciones que ya se volvieron dueñas de la mente, tal vez apegos que nos quitan libertad, tal vez distracciones que nos alejan lentamente de Dios.

La tierra buena escucha, guarda y persevera

Jesús dice que la semilla caída en tierra buena representa a quienes escuchan la Palabra con corazón bueno y generoso, la conservan y dan fruto con perseverancia. La tierra buena no es un corazón perfecto. Es un corazón disponible.

Hay tres movimientos importantes: escuchar, guardar y perseverar. Escuchar de verdad, no solo oír. Guardar la Palabra, no dejar que se pierda al primer ruido. Perseverar, porque el fruto no siempre aparece de inmediato.

Dar fruto puede ser una paciencia nueva, una palabra más serena, un perdón que comienza, una oración recuperada, una decisión honesta, una esperanza que vuelve a levantarse. Dios sabe hacer crecer mucho desde una semilla pequeña cuando encuentra un corazón abierto.

Pidamos hoy al Señor que prepare nuestra tierra interior. Que ablande lo endurecido, dé profundidad a lo superficial, arranque las espinas que ahogan la fe y nos conceda un corazón capaz de conservar su Palabra. Porque cuando la semilla de Dios encuentra tierra buena, la vida empieza a dar frutos que permanecen.


Un momento de oración para aquietar el corazón.

Después de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.


Lecturas Bíblicas del día de Hoy


Primera Lectura de Hoy Sábado 19 de Septiembre

Primera Carta de San Pablo a los Corintios 15, 35-37. 42-49.

Hermanos: Hay algunos que preguntan: “¿Cómo resucitan los muertos? ¿Qué clase de cuerpo van a tener?” Es que no se han puesto a pensar que el grano que se siembra tiene que morir, para que nazca la planta. Lo que se siembra no es la planta que va a brotar, sino solamente la semilla, por ejemplo, de trigo o de cualquier otra cosa.

Lo mismo sucede en la resurrección de los muertos: se siembra un cuerpo corruptible y resucita incorruptible; se siembra un cuerpo miserable y resucita glorioso; se siembra débil y resucita fuerte; se siembra un cuerpo puramente humano y resucita un cuerpo vivificado por el espíritu divino.

Pues si existe un cuerpo puramente humano, también existe un cuerpo vivificado por el espíritu. En efecto, la Escritura dice que el primer hombre, Adán, fue un ser que tuvo vida; el último Adán es espíritu que da la vida. Sin embargo, no existe primero lo vivificado por el Espíritu, sino lo puramente humano; lo vivificado por el Espíritu viene después.

El primer hombre, hecho de tierra, es terreno; el segundo viene del cielo. Como fue el hombre terreno, así son los hombres terrenos; como es el hombre celestial, así serán los celestiales. Y del mismo modo que fuimos semejantes al hombre terreno, seremos también semejantes al hombre celestial.


Salmo Responsorial de Hoy Salmo 55, 10. 11-12. 13-14.

Yo sé bien que el Señor está conmigo;
por eso en Dios, cuya promesa alabo.
Sin temor me confío.
¿Qué hombre ha de poder causarme daño?
Caminaré en presencia del Señor.

Te debo, Señor, las promesas que te hice, 
te las cumpliré con acción de gracias, 
porque libraste mi vida de la muerte, 
mis pies de la caída, 
para que camine en la presencia de Dios,
mientras tengo la luz de la vida.
Caminaré en presencia del Señor.


Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Dichosos los que cumplen la palabra del Señor
con un corazón bueno y sincero
y perseveran hasta dar fruto.
Aleluya.


Evangelio de Hoy Sábado 19 de Septiembre de 2026

Evangelio según San Lucas 8, 4-15.

En aquel tiempo, mucha gente se había reunido alrededor de Jesús, y al ir pasando por los pueblos, otros más se le unían. Entonces les dijo esta parábola:

“Salió un sembrador a sembrar su semilla. Al ir sembrando, unos granos cayeron en el camino, la gente los pisó y los pájaros se los comieron. Otros cayeron en terreno pedregoso, y al brotar, se secaron por falta de humedad. Otros cayeron entre espinos, y al crecer éstos, los ahogaron. Los demás cayeron en tierra buena, crecieron y produjeron el ciento por uno”. Dicho esto, exclamó: “¡El que tenga oídos para oír, que oiga!”

Entonces le preguntaron los discípulos: “¿Qué significa esta parábola?” Y él les respondió: “A ustedes se les ha concedido conocer claramente los secretos del Reino de Dios; en cambio, a los demás, sólo en parábolas para que viendo no vean y oyendo no entiendan.

La parábola significa esto: la semilla es la palabra de Dios. Lo que cayó en el camino representa a los que escuchan la palabra, pero luego viene el diablo y se la lleva de sus corazones, para que no crean ni se salven, lo que cayó en terreno pedregoso representa a los que, al escuchar la palabra, la reciben con alegría, pero no tienen raíz; son los que por algún tiempo creen, pero en el momento de la prueba, fallan.

Lo que cayó entre espinos representa a los que escuchan la palabra, pero con los afanes, riquezas y placeres de la vida, se van ahogando y no dan fruto, lo que cayó en tierra buena representa a los que escuchan la palabra, la conservan en un corazón bueno y bien dispuesto, y dan fruto por su constancia’’.


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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.

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