Fiesta de san Mateo, Apóstol y evangelista
Difundiendo La Palabra es un lugar creado para orar y meditar la Palabra de Dios. Hoy, Fiesta de san Mateo, Apóstol y evangelista encontrará el Evangelio según San Mateo 9, 9-13 acompañado de una reflexión pastoral que lo ayudará a comprenderlo y vivirlo con fidelidad. También incluimos las lecturas del día y el Salmo Responsorial.
Homilía y reflexión del Evangelio de hoy 21 de Septiembre de 2026
Jesús ve a Mateo detrás de la mesa
El Evangelio nos presenta a Mateo sentado en el puesto de recaudación de impuestos. Para muchos, ese lugar decía todo sobre él: colaborador de un sistema injusto, hombre sospechoso, pecador público, alguien señalado por su propio pueblo. La mesa de impuestos era casi una frontera entre él y los demás.
Pero Jesús pasa y lo mira de otra manera. No lo reduce a su oficio, a su fama ni a su pasado. Ve en él algo que otros no ven: un discípulo posible, un corazón capaz de responder, una vida que puede comenzar de nuevo.
La llamada es breve: “Sígueme”. Jesús no le entrega primero una larga explicación ni le exige demostrar que merece ser llamado. Lo llama. Y Mateo se levanta. Ese gesto simple contiene una conversión profunda: deja una seguridad conocida para ponerse en camino detrás de Cristo.
Levantarse y dejar una vida vieja
Mateo estaba sentado. Esa postura puede hablar de una vida instalada, detenida, acomodada en un lugar que tal vez daba dinero, pero no daba paz. La voz de Jesús lo pone de pie. La gracia no solo consuela; también mueve, despierta, saca del sitio donde el corazón se había quedado atrapado.
También nosotros podemos tener nuestros puestos de recaudación: lugares interiores donde nos acomodamos aunque no nos hagan bien. Un resentimiento, una ambición, una costumbre desordenada, una comodidad que nos vuelve indiferentes, una imagen de nosotros mismos que no queremos soltar.
Seguir a Jesús siempre implica levantarse. No basta admirarlo desde la mesa de siempre. La fe verdadera nos pone en camino. A veces el primer paso no es grande, pero sí decisivo: dejar una actitud, pedir perdón, volver a rezar, cortar con algo que nos esclaviza, abrirnos a una vida más limpia y más libre.
Una mesa abierta a los pecadores
Después de llamar a Mateo, Jesús se sienta a la mesa con publicanos y pecadores. Esto escandaliza a los fariseos. No comprenden que el Señor no se contamina por acercarse al pecador; al contrario, se acerca para sanar. Su misericordia no niega el pecado, pero tampoco abandona al pecador.
Esta escena revela el corazón de Cristo. Jesús no vino a formar una comunidad de perfectos que miran desde arriba a los demás. Vino a buscar, sanar y llamar a quienes necesitan misericordia. La mesa compartida se convierte en signo de una salvación que se acerca a los excluidos y devuelve dignidad.
También nosotros necesitamos cuidar nuestra mirada. Es fácil señalar quién no merece, quién no está a la altura, quién tiene una historia demasiado manchada. Pero si Jesús se sentó a la mesa con pecadores, la Iglesia y nuestro corazón no pueden cerrarse a quienes buscan volver.
Misericordia quiero y no sacrificios
Jesús responde con una frase que toca el centro de la fe: quiere misericordia y no sacrificios. No desprecia el culto ni las prácticas religiosas, pero recuerda que nada de eso tiene sentido si el corazón se vuelve duro. Una religiosidad sin misericordia puede terminar lejos de Dios, aunque parezca correcta por fuera.
En la fiesta de San Mateo, esta palabra tiene una fuerza especial. El publicano se convirtió en apóstol y evangelista. El hombre señalado por su pasado fue elegido para anunciar la Buena Noticia. Así obra Dios: no se queda mirando solo lo que fuimos, sino lo que su gracia puede hacer en nosotros.
Hoy podemos pedir la humildad de Mateo para levantarnos cuando Jesús nos llama. Y también pedir un corazón misericordioso, capaz de no encerrar a nadie en su pasado. Que el Señor nos encuentre disponibles para seguirlo, agradecidos por haber sido llamados sin merecerlo todo, y dispuestos a sentarnos a la mesa de la misericordia, donde Él sigue sanando a los que reconocen que lo necesitan.
Un momento de oración para aquietar el corazón.
Después de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.
Lecturas Bíblicas del día de Hoy
Primera Lectura de Hoy Lunes 21 de Septiembre
Carta de San Pablo a los Efesios 4, 1-7. 11-13.
Hermanos: Yo, Pablo, prisionero por la causa del Señor, los exhorto a que lleven una vida digna del llamamiento que han recibido. Sean siempre humildes y amables; sean comprensivos y sopórtense mutuamente con amor; esfuércense en mantenerse unidos en el espíritu con el vínculo de la paz.
Porque no hay más que un solo cuerpo y un solo Espíritu, como es también sólo una la esperanza del llamamiento que ustedes han recibido. Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que reina sobre todos, actúa a través de todos y vive en todos.
Cada uno de nosotros ha recibido la gracia en la medida en que Cristo se la ha dado. Él fue quien concedió a unos ser apóstoles; a otros, ser profetas; a otros, ser evangelizadores; a otros, ser pastores y maestros. Y esto, para capacitar a los fieles, a fin de que, desempeñando debidamente su tarea, construyan el cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a estar unidos en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios y lleguemos a ser hombres perfectos, que alcancemos en todas sus dimensiones la plenitud de Cristo.
Salmo Responsorial de Hoy – Salmo 18, 2-3. 4-5.
Los cielos proclaman la gloria de Dios
y el firmamento anuncia la obra de sus manos.
Un día comunica su mensaje al otro día
y una noche se lo transmite a la otra noche.
El mensaje del Señor resuena en toda la tierra.
Sin que pronuncien una palabra,
sin que resuene su voz,
a toda la tierra llega su sonido,
y su mensaje hasta el fin del mundo.
R. El mensaje del Señor resuena en toda la tierra.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Señor, Dios eterno, alegres te cantamos,
a ti nuestra alabanza.
A ti, Señor, te alaba el coro celestial de los apóstoles.
Aleluya.
Evangelio de Hoy Lunes 21 de Septiembre de 2026
Evangelio según San Mateo 9, 9-13.
En aquel tiempo, Jesús vio a un hombre llamado Mateo, sentado a su mesa de recaudador de impuestos, y le dijo: “Sígueme”. Él se levantó y lo siguió.
Después, cuando estaba a la mesa en casa de Mateo, muchos pu¬bli¬canos y pecadores se sentaron también a comer con Jesús y sus discípulos. Viendo esto, los fariseos preguntaron a los discípulos: “¿Por qué su Maestro come con publicanos y pecadores?” Jesús los oyó y les dijo: “No son los sanos los que necesitan de médico, sino los enfermos. Vayan, pues, y aprendan lo que significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores”.
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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.
