Evangelio De Hoy 23 de Septiembre


Difundiendo La Palabra es un lugar creado para orar y meditar la Palabra de Dios. Hoy, Miércoles de la XXV semana del Tiempo ordinario, encontrará el Evangelio según San Lucas 9, 1-6 acompañado de una reflexión pastoral que lo ayudará a comprenderlo y a vivirlo con fidelidad. También incluimos las lecturas del día y el Salmo Responsorial.


Homilía y reflexión del Evangelio de hoy 23 de Septiembre de 2026

Jesús llama y envía

El Evangelio nos muestra a Jesús reuniendo a los Doce y dándoles poder y autoridad para anunciar el Reino de Dios y sanar a los enfermos. No los llama solo para que estén cerca de Él, sino para enviarlos. La cercanía con Cristo siempre termina abriendo una misión.

Los discípulos no salen por iniciativa propia ni apoyados solo en sus capacidades. Salen porque Jesús los envía. Esa diferencia es fundamental. La misión cristiana no nace del entusiasmo personal, del deseo de protagonismo o de la seguridad en uno mismo. Nace de una llamada y de una confianza: Cristo nos manda, Cristo nos acompaña, Cristo actúa a través de instrumentos frágiles.

También nosotros somos enviados. Tal vez no a recorrer pueblos como los apóstoles, pero sí a llevar algo del Reino en los lugares donde vivimos: la familia, el trabajo, la comunidad, una conversación, una visita, un gesto de servicio, una palabra que consuela.

Anunciar y sanar

Jesús envía a los Doce a anunciar el Reino y a curar. La palabra y el gesto van juntos. El Reino no se anuncia solo con discursos; se vuelve creíble cuando toca heridas, levanta al caído y devuelve esperanza.

Esto nos cuestiona. A veces hablamos de Dios, pero sin cercanía concreta. Otras veces ayudamos, pero sin dejar que nuestro servicio nazca de la fe. Jesús une ambas cosas: anunciar y sanar. Decir que Dios está cerca y mostrarlo con actos de misericordia.

Hay muchas enfermedades que no siempre se ven: soledad, miedo, culpa, tristeza, cansancio, heridas familiares, falta de sentido. No todos podemos hacer grandes cosas, pero sí podemos ser presencia sanadora. Escuchar sin juzgar, visitar a alguien, rezar por quien sufre, acompañar un proceso, aliviar una carga, ofrecer una palabra de paz. Allí el Reino empieza a hacerse visible.

Caminar ligeros

Jesús les pide que no lleven bastón, ni alforja, ni pan, ni dinero, ni dos túnicas. Es una indicación fuerte. Los invita a caminar ligeros, sin poner la seguridad principal en los recursos, sino en Dios.

Esto no significa vivir sin responsabilidad. Significa no dejar que las seguridades materiales ocupen el lugar de la confianza. Los discípulos deben aprender que la misión no depende de tenerlo todo controlado. Deben experimentar que Dios sostiene el camino.

Cuántas veces nosotros postergamos el bien porque sentimos que nos falta algo: más tiempo, más fuerzas, más preparación, más seguridad, mejores condiciones. Pero Jesús nos invita a comenzar desde lo que somos y tenemos, sin esperar una perfección que nunca llega. La pobreza del enviado lo hace más libre para apoyarse en el Señor y no en sí mismo.

Sacudir el polvo y seguir caminando

Jesús también advierte que no todos recibirán el anuncio. Habrá lugares donde no quieran escuchar. Entonces les dice que salgan de allí y sacudan el polvo de sus pies. No es un gesto de desprecio, sino de libertad. El discípulo anuncia, ofrece, sirve, pero no puede obligar a nadie a recibir.

Esto es importante para nuestra vida. A veces queremos controlar la respuesta de los demás: que acepten, que cambien, que comprendan, que agradezcan. Pero la misión no consiste en imponer, sino en ser fieles. Hay momentos en los que debemos hablar y acompañar; y hay otros en los que debemos seguir caminando, dejando a Dios lo que no podemos forzar.

El Evangelio termina diciendo que los discípulos salieron, anunciaban la Buena Noticia y curaban por todas partes. Se pusieron en camino. Esa es también nuestra llamada.

Pidamos hoy la gracia de una fe disponible. Que no nos quedemos encerrados en nuestras comodidades ni paralizados por lo que nos falta. Que Jesús nos enseñe a anunciar con sencillez, sanar con misericordia y caminar ligeros, confiando en que su Reino crece cuando una vida se deja enviar.


Un momento de oración para aquietar el corazón.

Después de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.


Lecturas Bíblicas del día de Hoy


Primera Lectura de Hoy Miércoles 23 de Septiembre

Libro de los Proverbios 30, 5-9.

Toda palabra de Dios es verdadera.
El Señor es un escudo para cuantos en él confían.
No alteres para nada sus palabras,
no sea que te reprenda y resultes mentiroso.

Dos cosas te pido, Señor, antes de morir,
no me las niegues:
líbrame de la falsedad y la mentira;
no me des pobreza ni riqueza,
dame tan sólo lo necesario para vivir,
no sea que la abundancia me aparte de ti
y me haga olvidarte;
no sea que la pobreza me obligue a robar
y me lleve a ofenderte.


Salmo Responsorial de Hoy Salmo 118, 29. 43. 79. 80. 95. 102.

Apártame de los caminos falsos
y dame la gracia de cumplir tu voluntad.
Para mí valen más tus enseñanzas
que miles de monedas de oro y plata.
Condúceme, Señor, por tu camino.

Tu palabra, Señor, es eterna,
más estable que el cielo.
Aparto mi pie de toda senda mala
para cumplir tus palabras.
Condúceme, Señor, por tu camino.

Medito tus decretos
y odio el camino de la mentira.
Detesto y aborrezco la mentira
y amo tu voluntad.
Condúceme, Señor, por tu camino.


Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
El Reino de Dios está cerca, dice el Señor;
arrepiéntanse y crean en el Evangelio.
Aleluya.


Evangelio de Hoy Miércoles de 23 de Septiembre de 2026

Evangelio según San Lucas 9, 1-6.

En aquel tiempo, Jesús reunió a los Doce y les dio poder y autoridad para expulsar toda clase de demonios y para curar enfermedades. Luego los envió a predicar el Reino de Dios y a curar a los enfermos.

Y les dijo: “No lleven nada para el camino: ni bastón, ni morral, ni comida, ni dinero, ni dos túnicas. Quédense en la casa donde se alojen, hasta que se vayan de aquel sitio. Y si en algún pueblo no los reciben, salgan de ahí y sacúdanse el polvo de los pies en señal de acusación”.

Ellos se pusieron en camino y fueron de pueblo en pueblo, predicando el Evangelio y curando en todas partes.


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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.

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