Evangelio De Hoy 22 de Agosto


Difundiendo La Palabra es un lugar creado para orar y meditar la Palabra de Dios. Hoy, Sábado de la XX semana del Tiempo Ordinario encontrará el Evangelio según San Mateo 23, 1-12 acompañado de una reflexión pastoral que lo ayudará a comprenderlo y a vivirlo con fidelidad. También incluimos las lecturas del día y el Salmo Responsorial.


Homilía y reflexión del Evangelio de hoy 22 de Agosto.

La autoridad que enseña, pero no siempre testimonia

Jesús habla a la gente y a sus discípulos sobre los escribas y fariseos. Reconoce que ocupan un lugar de enseñanza, pero advierte algo muy serio: dicen y no hacen. Sus palabras pueden señalar un camino correcto, pero su vida no acompaña lo que enseñan.

Esta advertencia no pertenece solo al pasado. También hoy existe el riesgo de separar la fe de la vida. Podemos hablar de Dios, aconsejar a otros, conocer normas, repetir enseñanzas religiosas, pero vivir de un modo que no refleja aquello que decimos creer.

Jesús no busca desacreditar toda autoridad ni despreciar la enseñanza. Quiere llevarnos a la coherencia. La verdad del Evangelio no se vuelve creíble solo por ser pronunciada, sino cuando se encarna en gestos, decisiones y actitudes. La fe no puede quedarse en palabras correctas; necesita hacerse vida concreta.

Cargas pesadas y corazones sin misericordia

Jesús reprocha que algunos cargan sobre los demás pesos difíciles de llevar, pero ellos no los tocan ni con un dedo. Es una imagen dura: personas que exigen mucho, pero ayudan poco; que señalan el deber, pero no acompañan la fragilidad; que ponen normas, pero no ofrecen misericordia.

Esto puede pasar en la familia, en la comunidad, en cualquier relación. Hay formas de corregir que aplastan. Hay palabras verdaderas dichas sin amor que se convierten en peso insoportable. Hay exigencias que no tienen en cuenta la historia, el cansancio o la herida del otro.

El Señor no rebaja la verdad, pero la une siempre a la misericordia. Él no niega el camino exigente del Evangelio, pero carga con nosotros, levanta al caído, acompaña procesos, cura heridas. Por eso, si vamos a ayudar a otros a caminar, necesitamos hacerlo como Jesús: no desde la superioridad, sino desde la cercanía.

La tentación de vivir para ser vistos

Jesús denuncia también el deseo de aparentar: hacer las obras para ser mirados, buscar lugares importantes, recibir saludos honoríficos, ocupar el centro. El problema no está en que alguien reconozca el bien, sino en vivir pendientes de ese reconocimiento.

El corazón humano fácilmente busca aprobación. Quiere ser valorado, tenido en cuenta, respetado. Pero cuando esa necesidad crece demasiado, incluso lo religioso puede contaminarse. Se puede rezar para ser visto, servir para ser admirado, hablar de humildad buscando prestigio, hacer el bien esperando aplauso.

Jesús nos llama a una libertad más profunda. La mirada del Padre debe bastarnos más que la mirada de los hombres. Lo que hacemos por amor no pierde valor si nadie lo nota. Lo que se hace para Dios no necesita espectáculo. Una fe humilde prefiere la verdad escondida antes que la apariencia brillante.

El más grande será servidor

La frase final de Jesús resume todo: el mayor entre ustedes será servidor. El Reino invierte nuestras medidas. Para el mundo, grande es quien domina, quien sobresale, quien impone su voz, quien recibe honores. Para Jesús, grande es quien sirve.

Servir no significa despreciarse ni dejar que otros abusen. Significa vivir con un corazón disponible, capaz de usar los dones recibidos para el bien de los demás. Significa no buscar siempre el primer lugar, no convertir la autoridad en privilegio, no usar la fe como motivo de superioridad.

El que se engrandece será humillado, y el que se humilla será engrandecido. No es una amenaza vacía; es una ley espiritual. El orgullo termina encerrando y empobreciendo. La humildad, en cambio, abre espacio para Dios. Quien se baja del pedestal puede encontrarse con los hermanos. Quien sirve desde el amor participa del estilo de Cristo.

Pidamos hoy un corazón coherente y humilde. Que nuestras palabras no vayan por un lado y nuestra vida por otro. Que no carguemos a los demás con pesos sin ofrecer ayuda. Que no vivamos pendientes de ser vistos. Y que aprendamos de Jesús la verdadera grandeza: servir con amor, sin ruido y con un corazón sincero ante el Padre.


Un momento de oración para aquietar el corazón.

Después de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.


Lecturas Bíblicas del día de Hoy


Primera Lectura de Hoy Sábado 22 de Agosto.

Libro de Ezequiel 43, 1-7.

En aquellos días, un ángel me llevó a la puerta del templo, que da hacia el oriente, y vi que la gloria del Señor venía del oriente. Se oía un ruido como el estruendo de un río caudaloso y la tierra resplandecía con el fulgor de la gloria de Dios. Esta visión me recordó la que tuve cuando el Señor vino a destruir la ciudad y la que había tenido junto al río Kebar. Y caí rostro en tierra.

La gloria del Señor penetró en el templo por la puerta que da al oriente. El espíritu me levantó y me llevó al atrio interior y vi que la gloria del Señor llenaba el templo. Entonces oí que alguien me hablaba desde el templo, y el hombre que estaba junto a mí me dijo: “Hijo de hombre, éste es el lugar de mi trono, el lugar donde pongo las plantas de mis pies. Aquí habitaré para siempre con los hijos de Israel”.


Salmo Responsorial de Hoy Salmo 84, 9ab y 10. 11-12. 13-14.

Escucharé las palabras del Señor,
palabras de paz para su pueblo santo.
Está ya cerca nuestra salvación
y la gloria de Señor habitará en la tierra.
El Señor habitará en la tierra.

La misericordia y la verdad se encontraran,
la justicia y la paz se besaron,
la fidelidad brotó en la tierra
y la justicia vino del cielo.
El Señor habitará en la tierra.

Cuando el Señor nos muestre su bondad,
nuestra tierra producirá su fruto.
La justicia abrirá camino al Señor
e irá siguiendo sus pisadas.
El Señor habitará en la tierra.


Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Su Maestro es uno solo, Cristo,
y su Padre es uno solo, el del cielo, dice el Señor.
Aleluya.


Evangelio de Hoy Sábado 22 de Agosto de 2026.

Evangelio según San Mateo 23, 1-12.

En aquel tiempo, Jesús dijo a las multitudes y a sus discípulos: “En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y fariseos. Hagan, pues, todo lo que les digan, pero no imiten sus obras, porque dicen una cosa y hacen otra. Hacen fardos muy pesados y difíciles de llevar y los echan sobre las espaldas de los hombres, pero ellos ni con el dedo los quieren mover. Todo lo hacen para que los vea la gente.

Ensanchan las filacterias y las franjas del manto; les agrada ocupar los primeros lugares en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; les gusta que los saluden en las plazas y que la gente los llame “maestros”.

Ustedes, en cambio, no dejen que los llamen “maestros”, porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A ningún hombre sobre la tierra lo llamen “padre”, porque el Padre de ustedes es sólo el Padre celestial. No se dejen llamar “guías”, porque el guía de ustedes es solamente Cristo.

Que el mayor de entre ustedes sea su servidor, porque el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido”.


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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.

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