Sábado de la XXI semana del Tiempo Ordinario
Difundiendo La Palabra es un lugar creado para orar y meditar la Palabra de Dios. Hoy, Sábado de la XXI semana del Tiempo Ordinario encontrará el Evangelio según San Marcos 6, 17-29 acompañado de una reflexión pastoral que lo ayudará a comprenderlo y a vivirlo con fidelidad. También incluimos las lecturas del día y el Salmo Responsorial.
Homilía y reflexión del Evangelio de hoy 29 de Agosto.
La verdad que no se deja encerrar
El Evangelio nos muestra a Juan el Bautista encarcelado por haber dicho la verdad. No fue apresado por hacer daño, sino por señalar con claridad una situación injusta. Su palabra molestaba porque tocaba una herida moral que Herodes no quería enfrentar.
Juan no hablaba por odio ni por deseo de humillar. Su misión era preparar el camino del Señor, llamar a la conversión, despertar conciencias. Por eso su voz resultaba incómoda. La verdad, cuando viene de Dios, no siempre acaricia nuestras seguridades; a veces las sacude para salvarnos.
También nosotros necesitamos preguntarnos qué hacemos con la verdad cuando nos incomoda. Podemos recibirla con humildad, dejando que nos convierta, o podemos intentar encerrarla, silenciarla, evitarla. Pero aunque uno calle la voz exterior, la conciencia sigue hablando por dentro. Dios no nos corrige para destruirnos, sino para devolvernos libertad.
Herodes escucha, pero no se decide
El retrato de Herodes es muy humano y muy triste. Siente respeto por Juan, lo escucha con gusto, incluso queda inquieto por sus palabras. Pero no llega a convertirse. Hay en él una mezcla de atracción por la verdad y esclavitud interior. Le interesa Juan, pero no quiere cambiar lo que Juan denuncia.
Esta situación puede repetirse en la vida espiritual. A veces escuchamos la Palabra con interés, nos conmueve una reflexión, admiramos a los santos, reconocemos que Dios nos está mostrando algo, pero después no damos el paso. La verdad queda en emoción, no en decisión.
Herodes representa el corazón dividido: sabe que Juan es justo, pero teme perder poder, placer, imagen, comodidad. Quiere conservar algo de luz, pero sin abandonar la oscuridad que lo domina. Y cuando el corazón no decide por Dios, termina decidiendo por presión, por miedo o por conveniencia.
Una promesa imprudente y una conciencia vencida
Durante el banquete, Herodes hace una promesa desmedida. Después, cuando la hija de Herodías pide la cabeza de Juan, el rey se entristece, pero no se anima a romper su palabra. Tiene autoridad exterior, pero por dentro está esclavo. Prefiere cometer una injusticia antes que quedar mal delante de sus invitados.
Cuántas veces el miedo al qué dirán nos empuja a decisiones equivocadas. Por sostener una imagen, podemos traicionar la conciencia. Por no reconocer un error, podemos seguir un camino injusto. También por orgullo, podemos mantener promesas, palabras o actitudes que deberían ser corregidas.
La verdadera libertad no consiste en hacer siempre lo que uno quiere, sino en poder elegir el bien aunque cueste. Herodes no fue libre, aunque parecía poderoso. Juan fue libre, aunque estaba preso. Esa es una de las grandes paradojas del Evangelio: quien vive en la verdad puede ser encadenado por fuera, pero conserva el alma libre.
Fidelidad hasta el final
La muerte de Juan parece una derrota. Su voz es silenciada, su vida termina de manera injusta, su cuerpo es entregado a sus discípulos. Pero su fidelidad queda en pie. Juan no negoció la verdad recibida, no acomodó su mensaje para salvarse, no convirtió su misión en conveniencia.
Su martirio nos recuerda que seguir a Dios exige valentía. No todos estamos llamados a derramar la sangre, pero sí a dar testimonio en lo cotidiano: hablar con verdad, vivir con coherencia, no participar de una injusticia, no callar por comodidad cuando alguien necesita defensa, no vender la conciencia por aceptación.
Hoy podemos pedir la gracia de una fe firme y humilde. Firme para no traicionar la verdad. Humilde para dejar que esa verdad nos corrija primero a nosotros. Que San Juan Bautista nos ayude a vivir con una conciencia despierta, libre del miedo y sostenida por Dios. Porque solo quien pertenece a la verdad puede permanecer en paz, aun cuando el mundo no quiera escucharla.
Un momento de oración para aquietar el corazón.
Después de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.
Lecturas Bíblicas del día de Hoy
Primera Lectura de Hoy Sábado 29 de Agosto.
Primera Carta de San Pablo a los Corintios 1, 26-31.
Hermanos: Consideren que entre ustedes, los que han sido llamados por Dios, no hay muchos sabios, ni muchos poderosos, ni muchos nobles, según los criterios humanos.
Pues Dios ha elegido a los ignorantes de este mundo, para humillar a los sabios; a los débiles del mundo, para avergonzar a los fuertes; a los insignificantes y despreciados del mundo, es decir, a los que no valen nada, para reducir a la nada a los que valen; de manera que nadie pueda presumir delante de Dios.
En efecto, por obra de Dios, ustedes están injertados en Cristo Jesús, a quien Dios hizo nuestra sabiduría, nuestra justicia, nuestra santificación y nuestra redención. Por lo tanto, como dice la Escritura: El que se gloría, que se gloríe en el Señor.
Salmo Responsorial de Hoy – Salmo 32, 12-13. 18-19. 20-21.
Feliz la nación cuyo Dios es el Señor,
dichoso el pueblo que escogió por suyo.
Desde el cielo el Señor, atentamente,
mira a todos los hombres.
En el Señor está nuestra esperanza.
Cuida el Señor de aquellos que lo temen
y en su bondad confían;
los salva de la muerte
y en épocas de hambre les da vida.
En el Señor está nuestra esperanza.
En el Señor está nuestra esperanza,
pues él es nuestra ayuda y nuestro amparo;
en el Señor se alegra el corazón.
Y en él, hemos confiado.
En el Señor está nuestra esperanza.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el Reino de los cielos, dice el Señor.
Aleluya.
Evangelio de Hoy Sábado 29 de Agosto de 2026.
Evangelio según San Marcos 6, 17-29.
En aquel tiempo, Herodes había mandado apresar a Juan el Bautista y lo había metido y encadenado en la cárcel. Herodes se había casado con Herodías, esposa de su hermano Filipo, y Juan le decía: “No te está permitido tener por mujer a la esposa de tu hermano”. Por eso Herodes lo mandó encarcelar.
Herodías sentía por ello gran rencor contra Juan y quería quitarle la vida, pero no sabía cómo, porque Herodes miraba con respeto a Juan, pues sabía que era un hombre recto y santo, y lo tenía custodiado. Cuando lo oía hablar, quedaba desconcertado, pero le gustaba escucharlo.
La ocasión llegó cuando Herodes dio un banquete a su corte, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea, con motivo de su cumpleaños. La hija de Herodías bailó durante la fiesta y su baile les gustó mucho a Herodes y a sus invitados. El rey le dijo entonces a la joven: “Pídeme lo que quieras y yo te lo daré”. Y le juró varias veces: “Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino”.
Ella fue a preguntarle a su madre: “¿Qué le pido?” Su madre le contestó: “La cabeza de Juan el Bautista”. Volvió ella inmediatamente junto al rey y le dijo: “Quiero que me des ahora mismo, en una charola, la cabeza de Juan el Bautista”.
El rey se puso muy triste, pero debido a su juramento y a los convidados, no quiso desairar a la joven, y enseguida mandó a un verdugo que trajera la cabeza de Juan. El verdugo fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una charola, se la entregó a la joven y ella se la entregó a su madre.
Al enterarse de esto, los discípulos de Juan fueron a recoger el cadáver y lo sepultaron.
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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.
