Miércoles de la XXVIII semana del Tiempo ordinario
Difundiendo La Palabra es un lugar creado para orar y meditar la Palabra de Dios. Hoy, Miércoles de la XXVIII semana del Tiempo ordinario, encontrará el Evangelio según San Lucas 11, 42-46 acompañado de una reflexión pastoral que lo ayudará a comprenderlo y a vivirlo con fidelidad. También incluimos las lecturas del día y el Salmo Responsorial.
Lecturas Bíblicas del día de Hoy
Primera Lectura de Hoy Miércoles 14 de Octubre
Carta de San Pablo a los Gálatas 5, 18-25.
Hermanos: Si los guía el Espíritu, ya no están ustedes bajo el dominio de la ley.
Son manifiestas las obras que proceden del desorden egoísta del hombre: la lujuria, la impureza, el libertinaje, la idolatría, la brujería, las enemistades, los pleitos, las rivalidades, la ira, las rencillas, las divisiones, las discordias, las envidias, las borracheras, las orgías y otras cosas semejantes. Respecto a ellas les advierto, como ya lo hice antes, que quienes hacen estas cosas no conseguirán el Reino de Dios.
En cambio, los frutos del Espíritu Santo son: el amor, la alegría, la paz, la generosidad, la benignidad, la bondad, la fidelidad, la mansedumbre y el dominio de sí mismo. Ninguna ley existe que vaya en contra de estas cosas.
Y los que son de Jesucristo ya han crucificado su egoísmo junto con sus pasiones y malos deseos. Si tenemos la vida del Espíritu, actuemos conforme a ese mismo Espíritu.
Salmo Responsorial de Hoy – Salmo 1, 1-2. 3. 4 y 6.
Dichoso el hombre que no se guía
por mundanos criterios,
que no anda en malos pasos
ni se burla del bueno,
que ama la ley de Dios
y se goza en cumplir sus mandamientos.
Dichoso quien confía en el Señor.
Es como un árbol plantado junto al rio,
que da fruto a su tiempo
y nunca se marchita.
En todo tendrá éxito.
Dichoso quien confía en el Señor.
En cambio los malvados
serán como la paja barrida por el viento.
Porque el Señor protege el camino del justo
y al malo sus caminos acaban por perderlo.
Dichoso quien confía en el Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Mis ovejas escuchan mi voz, dice el Señor;
yo las conozco y ellas me siguen.
Aleluya.
Evangelio de Hoy Miércoles de 14 de Octubre de 2026
Evangelio según San Lucas 11, 42-46.
En aquel tiempo, Jesús dijo: “¡Ay de ustedes, fariseos, porque pagan diezmos hasta de la hierbabuena, de la ruda y de todas las verduras, pero se olvidan de la justicia y del amor de Dios! Esto debían practicar sin descuidar aquello. ¡Ay de ustedes, fariseos, porque les gusta ocupar los lugares de honor en las sinagogas y que les hagan reverencias en las plazas! ¡Ay de ustedes, porque son como esos sepulcros que no se ven, sobre los cuales pasa la gente sin darse cuenta!”
Entonces tomó la palabra un doctor de la ley y le dijo: “Maestro, al hablar así, nos insultas también a nosotros”. Entonces Jesús le respondió: “¡Ay de ustedes también, doctores de la ley, porque abruman a la gente con cargas insoportables, pero ustedes no las tocan ni con la punta del dedo!”
Un momento de oración para aquietar el corazón.
Antes de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.
Homilía y reflexión del Evangelio de hoy 14 de Octubre de 2026
Cuando se cuida el detalle y se pierde el centro
Jesús dirige palabras fuertes a los fariseos porque pagan el diezmo de pequeñas hierbas, pero descuidan la justicia y el amor de Dios. No les reprocha cuidar lo pequeño; les reprocha haber perdido lo esencial. Hay detalles religiosos que pueden ser buenos, pero se vuelven vacíos cuando no nacen de un corazón justo y misericordioso.
Esta advertencia también puede tocar nuestra vida. A veces podemos preocuparnos mucho por formas, costumbres, apariencias o pequeñas correcciones, y al mismo tiempo descuidar lo más importante: amar más, tratar mejor, perdonar, ser justos, vivir con humildad.
Jesús no quiere una fe desordenada, pero tampoco una fe reducida a cumplimientos que tranquilizan la conciencia mientras el corazón sigue duro. Lo pequeño tiene valor cuando está unido al amor. Separado del amor, puede convertirse en una manera de esconder lo que no queremos cambiar.
Justicia y amor de Dios
Jesús pone el centro en dos palabras: justicia y amor de Dios. La justicia nos pide vivir con rectitud, no aprovecharnos de nadie, no mirar para otro lado ante el sufrimiento, no acomodar la verdad según la conveniencia. El amor de Dios nos pide vivir desde una relación real con Él, no desde una religiosidad fría o de apariencia.
Cuando estas dos cosas faltan, la fe se vuelve incompleta. Podemos parecer correctos por fuera, pero si somos injustos, duros, indiferentes o incapaces de compasión, algo profundo se ha desordenado.
La justicia sin amor puede volverse rigidez. El amor sin justicia puede quedarse en sentimiento débil. Jesús une ambas cosas: un corazón cercano a Dios debe volverse también más justo, más compasivo, más atento a la dignidad del hermano.
La búsqueda de los primeros lugares
Jesús también denuncia el deseo de ocupar los primeros asientos y recibir saludos importantes. No habla solo de lugares físicos, sino de una actitud interior: vivir buscando reconocimiento, prestigio, aprobación, superioridad.
Esta tentación puede entrar incluso en las cosas buenas. Se puede servir esperando ser visto, se puede hablar de Dios buscando admiración, se puede hacer el bien esperando agradecimiento. Se puede ocupar un lugar religioso y olvidar que toda autoridad verdadera debe ser servicio.
El deseo de ser reconocidos no es extraño al corazón humano. Todos necesitamos ser valorados. Pero cuando esa necesidad se vuelve centro, empezamos a depender demasiado de la mirada de los demás. Entonces hacemos cosas buenas, pero con el corazón inquieto. Jesús nos llama a una libertad más profunda: hacer el bien ante el Padre, aunque nadie lo aplauda.
Cargas que otros no pueden llevar
Luego Jesús se dirige a los doctores de la Ley y les reprocha que cargan a los demás con pesos difíciles de soportar, pero ellos no los tocan ni con un dedo. Es una imagen dura: exigir mucho y acompañar poco, señalar obligaciones sin ayudar, corregir sin compasión.
Esto puede pasar en la familia, en la comunidad, en el trabajo, en la vida espiritual. A veces pedimos a otros lo que nosotros no estamos dispuestos a vivir. O hablamos desde una superioridad que no levanta, sino que aplasta. Jesús no niega la exigencia del Evangelio, pero la exigencia cristiana siempre debe ir unida a la misericordia.
El Señor no nos carga desde lejos. Él se acerca, sostiene, perdona, levanta y camina con nosotros. Por eso, si queremos ayudar a otros, necesitamos hacerlo con su estilo: verdad sin dureza, corrección sin humillación, exigencia sin desprecio, cercanía sin soberbia.
Hoy podemos pedir la gracia de volver al centro. Que nuestras prácticas religiosas no sean una máscara, sino expresión de un corazón convertido, que busquemos menos reconocimiento y más fidelidad. Que no carguemos a otros con pesos sin ofrecer ayuda. Y que la justicia y el amor de Dios sean la medida verdadera de nuestra vida.
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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.
