Evangelio De Hoy 19 de Otubre


Difundiendo La Palabra es un lugar creado para orar y meditar la Palabra de Dios. Hoy, Lunes de la XXIX semana del Tiempo ordinario encontrará el Evangelio según San Lucas 12, 13-21 acompañado de una reflexión pastoral que lo ayudará a comprenderlo y vivirlo con fidelidad. También incluimos las lecturas del día y el Salmo Responsorial.


Lecturas Bíblicas del día de Hoy


Primera Lectura de Hoy Lunes 12 de Otubre

Carta de San Pablo a los Efesios 2, 1-10.

Hermanos: Ustedes estaban muertos por sus delitos y pecados, porque en otro tiempo vivían según los criterios de este mundo, obedeciendo al que está al frente de las fuerzas invisibles del mal, a ese espíritu que ejerce su acción ahora sobre los que resisten al Evangelio. Entre ellos estuvimos también nosotros, pues en otro tiempo vivíamos sujetos a los instintos, deseos y pensamientos de nuestro desorden y egoísmo, y estábamos naturalmente destinados al terrible castigo de Dios, como los demás.

Pero la misericordia y el amor de Dios son muy grandes; porque nosotros estábamos muertos por nuestros pecados, y él nos dio la vida con Cristo y en Cristo. Por pura generosidad suya, hemos sido salvados. Con Cristo y en Cristo nos ha resucitado, y con él nos ha reservado un sitio en el cielo. Así, en todos los tiempos, Dios muestra por medio de Cristo Jesús, la incomparable riqueza de su gracia y de su bondad para con nosotros.

En efecto, ustedes han sido salvados por la gracia, mediante la fe; y esto no se debe a ustedes mismos, sino que es un don de Dios. Tampoco se debe a las obras, para que nadie pueda presumir, porque somos hechura de Dios, creados por medio de Cristo Jesús para hacer el bien que Dios ha dispuesto que hagamos.


Salmo Responsorial de Hoy Salmo 99, 2. 3. 4. 5.

Alabemos a Dios todos los hombres,
sirvamos al Señor con alegría
y con júbilo entremos en su templo.
El Señor es nuestro dueño.

Reconozcamos que el Señor es Dios,
que él fue quien nos hizo y somos suyos,
que somos su pueblo y su rebaño.
El Señor es nuestro dueño.

Entremos por sus puertas dando gracias,
crucemos por sus atrios entre himnos,
alabando al Señor y bendiciéndolo.
El Señor es nuestro dueño.

Porque el Señor es bueno, bendigámoslo,
porque es eterna su misericordia
y su fidelidad nunca se acaba.
El Señor es nuestro dueño.


Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Dichosos los pobres de espíritu,
porque de ellos es el Reino de los cielos.
Aleluya.


Evangelio de Hoy Lunes 19 de Otubre de 2026

Evangelio según San Lucas 12, 13-21.

En aquel tiempo, hallándose Jesús en medio de una multitud, un hombre le dijo: “Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia”. Pero Jesús le contestó: “Amigo, ¿quién me ha puesto como juez en la distribución de herencias?”

Y dirigiéndose a la multitud, dijo: “Eviten toda clase de avaricia, porque la vida del hombre no depende de la abundancia de los bienes que posea”.

Después les propuso esta parábola: “Un hombre rico tuvo una gran cosecha y se puso a pensar: ‘¿Qué haré, porque no tengo ya en dónde almacenar la cosecha? Ya sé lo que voy a hacer: derribaré mis graneros y construiré otros más grandes para guardar ahí mi cosecha y todo lo que tengo.

Entonces podré decirme: Ya tienes bienes acumulados para muchos años; descansa, come, bebe y date a la buena vida’. Pero Dios le dijo: ‘¡Insensato! Esta misma noche vas a morir. ¿Para quién serán todos tus bienes?’ Lo mismo le pasa al que amontona riquezas para sí mismo y no se hace rico de lo que vale ante Dios”.


Un momento de oración para aquietar el corazón.

Antes de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.


Homilía y reflexión del Evangelio de hoy 19 de Otubre de 2026

Una herencia que termina revelando algo más profundo

Un hombre se acerca a Jesús con un problema concreto: quiere que intervenga en una disputa por una herencia. La situación parece sencilla, pero Jesús descubre que detrás del conflicto hay algo más profundo. No se limita a resolver quién tiene razón; dirige la mirada hacia el corazón.

Entonces advierte sobre toda forma de avaricia. Porque el problema no está únicamente en poseer bienes, sino en creer que la vida depende de ellos. El dinero, las propiedades y los recursos pueden ser necesarios, pero se vuelven peligrosos cuando ocupan el lugar de la seguridad, de la identidad o de la esperanza.

Muchas tensiones familiares nacen justamente allí. Herencias, propiedades, deudas, diferencias económicas o intereses materiales pueden abrir heridas que duran años. Lo que comenzó siendo una discusión por bienes termina destruyendo vínculos. Jesús nos invita a preguntarnos cuánto estamos dispuestos a perder por conservar algo material y cuánto vale realmente aquello que estamos defendiendo.

Una cosecha abundante y un corazón encerrado

Jesús cuenta la historia de un hombre rico cuyos campos producen una cosecha extraordinaria. El problema no es que haya trabajado bien ni que haya prosperado. El problema aparece en lo que hace con esa abundancia.

Su diálogo es completamente consigo mismo: “¿Qué haré?”, “derribaré”, “construiré”, “almacenaré”, “diré a mi alma”. Todo gira alrededor de él. En su proyecto no aparece Dios, ni el prójimo, ni la gratitud, ni la posibilidad de compartir.

La abundancia, en lugar de abrir su corazón, lo encierra todavía más. Tiene graneros llenos, pero su horizonte se ha vuelto pequeño. Cree que acumular le permitirá asegurarse muchos años de tranquilidad, como si pudiera guardar también el futuro dentro de sus depósitos.

A nosotros puede sucedernos algo parecido, incluso sin ser ricos. Podemos vivir acumulando por miedo, buscando controlar cada detalle, creyendo que estaremos en paz cuando tengamos un poco más. Y ese “un poco más” nunca termina de llegar.

“Esta misma noche”

La parábola cambia bruscamente cuando Dios le dice que esa misma noche le reclamarán la vida. No es una amenaza destinada a sembrar angustia, sino una llamada a mirar la realidad con sinceridad.

El hombre había organizado su futuro como si el tiempo le perteneciera. Había pensado en muchos años, pero no había pensado en el sentido de esos años. Había preparado graneros, pero no había preparado el corazón.

Recordar que la vida es limitada no debería llevarnos al miedo, sino a vivir mejor. Nos ayuda a valorar una conversación pendiente, un perdón que venimos postergando, una visita, una oración, el tiempo compartido con quienes amamos. Hay cosas que parecen urgentes y dentro de algunos años no significarán nada. Y hay gestos pequeños que pueden tener un valor eterno.

Ser ricos ante Dios

Jesús termina hablando de quien acumula tesoros para sí, pero no es rico ante Dios. Allí está la verdadera cuestión. ¿Qué significa ser rico ante Dios? Tener un corazón agradecido, generoso, capaz de compartir; usar los bienes sin convertirse en esclavo de ellos; reconocer que lo recibido también puede servir para aliviar la necesidad de otros.

No se trata de despreciar el dinero ni de vivir sin previsión. Es bueno administrar, ahorrar, trabajar y cuidar responsablemente lo que tenemos. Pero todo debe ocupar su lugar. Los bienes son instrumentos; nunca pueden convertirse en nuestro dios.

Hoy podemos mirar nuestras propias seguridades. Tal vez hay algo que estamos acumulando con excesivo temor, algo material que ha comenzado a dominar nuestras decisiones, o una preocupación económica que ocupa todo nuestro pensamiento.

Pidamos al Señor un corazón libre. Que sepamos administrar con responsabilidad sin vivir esclavos de la acumulación. Que valoremos más a las personas que a las cosas, más la generosidad que la posesión, más la eternidad que el granero lleno. Y que al final de cada jornada podamos descubrir que nuestra verdadera riqueza está en aquello que hemos amado, compartido y entregado ante Dios.


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Las homilías y reflexiones pastorales publicadas en Difundiendo La Palabra son contenidos originales de este sitio.
Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.

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