Martes de la XXIX semana del Tiempo ordinario
Difundiendo La Palabra es un lugar creado para orar y meditar la Palabra de Dios. Hoy, Martes de la XXIX semana del Tiempo ordinario encontrará el Evangelio según Lucas 12, 35-38 acompañado de una reflexión pastoral que lo ayudará a comprenderlo y vivirlo con fidelidad. También incluimos las lecturas del día y el Salmo Responsorial.
Lecturas Bíblicas del día de Hoy
Primera Lectura de Hoy Martes 20 de Octubre.
Carta de San Pablo a los Efesios 2, 12-22.
Hermanos: Recuerden que antes vivían ustedes sin Cristo, que estaban excluidos de la ciudadanía de Israel y eran extraños a las alianzas y promesas, y no tenían esperanza ni Dios en este mundo. Pero ahora, unidos a Cristo Jesús, ustedes, que antes estaban lejos, están cerca, en virtud de la sangre de Cristo.
Porque él es nuestra paz; él hizo de los judíos y de los no judíos un solo pueblo; él destruyó, en su propio cuerpo, la barrera que los separaba: el odio; él abolió la ley, que consistía en mandatos y reglamentos, para crear en sí mismo, de los dos pueblos, un solo hombre nuevo, estableciendo la paz, y para reconciliar a ambos, hechos un solo cuerpo, con Dios, por medio de la cruz, dando muerte en sí mismo al odio.
Vino para anunciar la buena nueva de la paz, tanto a ustedes, los que estaban lejos, como a los que estaban cerca. Así, unos y otros podemos acercarnos al Padre, por la acción de un mismo Espíritu.
En consecuencia, ya no son ustedes extranjeros ni advenedizos; son conciudadanos de los santos y pertenecen a la familia de Dios, porque han sido edificados sobre el cimiento de los apóstoles y de los profetas, siendo Cristo Jesús la piedra angular.
Sobre Cristo, todo el edificio se va levantando bien estructurado, para formar el templo santo del Señor, y unidos a él también ustedes se van incorporando al edificio, por medio del Espíritu Santo, para ser morada de Dios.
Salmo Responsorial de Hoy – Salmo 84, 9ab-10. 11-12. 13-14.
Escucharé las palabras del Señor,
palabras de paz para su pueblo santo.
Está ya cerca nuestra salvación
y la gloria de Señor habitará en la tierra.
Dale, Señor, la paz a tu pueblo.
La misericordia y la verdad se encontraron,
la justicia y la paz se besaron,
la felicidad brotó en la tierra
y la justicia vino del cielo.
Dale, Señor, la paz a tu pueblo.
Cuando el Señor nos muestre su bondad,
nuestra tierra producirá su fruto.
La justicia le abrirá camino al Señor
e irá siguiendo sus pisadas.
Dale, Señor, la paz a tu pueblo.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Velen y oren,
para que puedan presentarse sin temor
ante el Hijo del hombre.
Aleluya.
Evangelio de Hoy Martes 20 de Octubre de 2026.
Evangelio según San Lucas 12, 35-38.
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Estén listos, con la túnica puesta y las lámparas encendidas. Sean semejantes a los criados que están esperando a que su señor regrese de la boda, para abrirle en cuanto llegue y toque. Dichosos aquellos a quienes su señor, al llegar, encuentre en vela.
Yo les aseguro que se recogerá la túnica, los hará sentar a la mesa y él mismo les servirá. Y si llega a medianoche o a la madrugada y los encuentra en vela, dichosos ellos”.
Un momento de oración para aquietar el corazón.
Antes de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.
Homilía y reflexión del Evangelio de hoy Martes 20 de Octubre de 2026
Estar preparados sin vivir con miedo
Jesús invita a sus discípulos a permanecer con la cintura ceñida y las lámparas encendidas. Es una imagen de disponibilidad. Quien tiene la cintura ceñida está listo para ponerse en camino; quien mantiene la lámpara encendida puede atravesar la noche sin quedar a oscuras.
La vigilancia cristiana no consiste en vivir asustados, esperando que algo malo suceda. Se trata de vivir despiertos, conscientes de que cada día es una oportunidad para amar, servir, reconciliarnos, hacer el bien y recibir al Señor.
Podemos pasar mucho tiempo viviendo como si siempre hubiera un mañana garantizado. Dejamos para después una conversación importante, una decisión necesaria, una oración pendiente, un perdón que cuesta. Jesús nos invita a no dormirnos espiritualmente. La vida tiene valor precisamente porque no sabemos cuánto tiempo tenemos por delante.
La lámpara que no debe apagarse
La lámpara encendida representa un corazón que conserva la fe, la esperanza y el deseo de Dios. Pero toda lámpara necesita cuidado. Si no se alimenta, termina apagándose.
También la vida interior puede debilitarse cuando dejamos de rezar, cuando la rutina ocupa todo, cuando el cansancio nos vuelve indiferentes o cuando una herida no sanada comienza a llenarnos de amargura. La fe rara vez se apaga de un día para otro; muchas veces se va debilitando lentamente.
Mantener la lámpara encendida significa cuidar la relación con Dios en lo sencillo: volver a la oración aunque no tengamos ganas, escuchar su Palabra, agradecer, pedir perdón, participar de la vida de la Iglesia, hacer espacio para el silencio. Son pequeños gestos que mantienen viva una luz capaz de acompañarnos también en las noches difíciles.
Esperar al Señor con fidelidad
Jesús compara a sus discípulos con servidores que esperan a su señor después de una boda. No saben a qué hora volverá, pero quieren estar despiertos para abrirle apenas llegue.
Esta espera habla también de nuestra vida cotidiana. Cristo viene de muchas maneras: en una persona que necesita ayuda, en una oportunidad de hacer el bien, en una palabra que nos corrige, en un enfermo que necesita compañía, en un momento de oración que nos devuelve paz.
La pregunta no es solamente si estaremos preparados al final de nuestra vida, sino si estamos atentos hoy. Podemos perder muchas visitas de Dios porque estamos distraídos, demasiado ocupados o encerrados en nuestras preocupaciones.
La vigilancia espiritual consiste en aprender a reconocer al Señor en medio de lo ordinario. No sabemos cuándo llegará una ocasión importante para amar. Por eso el corazón debe estar disponible.
El Señor que se pone a servir
El final de este pasaje sorprende. Jesús dice que, si encuentra despiertos a sus servidores, el señor se ceñirá, los hará sentar a la mesa y él mismo los servirá. La escena cambia por completo: el dueño termina sirviendo a sus servidores.
Así es el corazón de Dios. Nosotros esperamos al Señor, pero Él ya viene a nuestro encuentro. Nosotros intentamos servirlo, pero descubrimos que antes Él nos sirve, nos sostiene, nos alimenta y nos cuida.
Esta promesa convierte la vigilancia en esperanza. No permanecemos despiertos por temor al castigo, sino porque esperamos a Alguien que nos ama. La llegada del Señor no es la llegada de un extraño, sino el encuentro con Aquel que ha caminado con nosotros toda la vida.
Pidamos hoy la gracia de mantener encendida nuestra lámpara. Que no dejemos para mañana el bien que podemos hacer hoy. Que nuestro corazón permanezca despierto, disponible y lleno de esperanza. Y que, cuando el Señor pase por nuestra vida, sepamos reconocerlo y abrirle la puerta con alegría.
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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.
