Sábado de la XXIX semana del Tiempo ordinario
Difundiendo La Palabra es un lugar creado para orar y meditar la Palabra de Dios. Hoy, Sábado de la XXIX semana del Tiempo ordinario encontrará el Evangelio según San Lucas 13, 1-9 acompañado de una reflexión pastoral que lo ayudará a comprenderlo y a vivirlo con fidelidad. También incluimos las lecturas del día y el Salmo Responsorial.
Lecturas Bíblicas del día de Hoy
Primera Lectura de Hoy Sábado 24 de Octubre
Carta de San Pablo a los Efesios 4, 7. 11-16.
Hermanos: Cada uno de nosotros ha recibido la gracia en la medida en que Cristo se la ha dado. Él fue quien concedió a unos ser apóstoles; a otros, ser profetas; a otros, ser evangelizadores; a otros, ser pastores y maestros. Y esto, para capacitar a los fieles, a fin de que, desempeñando debidamente su tarea, construyan el cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a estar unidos en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, y lleguemos a ser hombres perfectos, que alcancemos en todas sus dimensiones la plenitud de Cristo.
Así, ya no seremos como niños, zarandeados por las olas y llevados de un lado para otro por el viento de cualquier doctrina, a merced de hombres malvados y astutos, que conducen engañosamente al error. Por el contrario, viviendo sinceramente en el amor, creceremos en todos sentidos, unidos a aquel que es la cabeza: Cristo. De él, todo el cuerpo recibe su organización, su cohesión y su vida, según la actividad propia de cada una de las partes, y así el cuerpo va creciendo y construyéndose por medio del amor.
Salmo Responsorial de Hoy – Salmo 121, 1-2. 3-4ab. 4cd-5.
íQué alegría sentí, cuando me dijeron:
“Vayamos a la casa del Señor”!
Y hoy estamos aquí, Jerusalén,
jubilosos, delante de tus puertas.
Vamos a la casa del Señor.
A ti, Jerusalén, suben las tribus,
las tribus del Señor,
según lo que a Israel se le ha ordenado,
para alabar el nombre del Señor.
Vamos a la casa del Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
No quiero la muerte del pecador,
sino que se arrepienta y viva, dice el Señor.
Aleluya.
Evangelio de Hoy Sábado 24 de Octubre de 2026
Evangelio según San Lucas 13, 1-9.
En aquel tiempo, algunos hombres fueron a ver a Jesús y le contaron que Pilato había mandado matar a unos galileos, mientras estaban ofreciendo sus sacrificios. Jesús les hizo este comentario: “¿Piensan ustedes que aquellos galileos, porque les sucedió esto, eran más pecadores que todos los demás galileos? Ciertamente que no; y si ustedes no se arrepienten, perecerán de manera semejante. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿piensan acaso que eran más culpables que todos los demás habitantes de Jerusalén? Ciertamente que no; y si ustedes no se arrepienten, perecerán de manera semejante”.
Entonces les dijo esta parábola: “Un hombre tenía una higuera plantada en su viñedo; fue a buscar higos y no los encontró. Dijo entonces al viñador: ‘Mira, durante tres años seguidos he venido a buscar higos en esta higuera y no los he encontrado. Córtala. ¿Para qué ocupa la tierra inútilmente?’ El viñador le contestó: ‘Señor, déjala todavía este año; voy a aflojar la tierra alrededor y a echarle abono, para ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortaré’ ”.
Un momento de oración para aquietar el corazón.
Antes de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.
Homilía y reflexión del Evangelio de hoy 24 de Octubre
No convertir el dolor en una condena
Algunas personas le cuentan a Jesús una tragedia: varios galileos habían muerto violentamente mientras ofrecían sacrificios. Poco después, Jesús recuerda también a quienes murieron al desplomarse una torre. Frente a hechos así, era fácil pensar que aquellas personas habían sufrido porque eran peores pecadores.
Jesús rechaza esa manera de mirar. No permite que el sufrimiento ajeno se transforme en una sentencia moral. Una desgracia no demuestra que alguien haya sido peor que los demás, ni el dolor puede usarse para señalar culpables con ligereza.
También nosotros podemos caer en esa tentación. Cuando algo malo sucede, buscamos explicaciones rápidas: “por algo será”, “algo habrá hecho”, “Dios lo castigó”. Pero Jesús nos aleja de esa mirada. Ante el sufrimiento, el primer movimiento cristiano no debería ser juzgar, sino compadecer, acompañar y ayudar.
La desgracia del otro no es una ocasión para sentirnos superiores. Es una llamada a recordar nuestra propia fragilidad.
La vida es frágil, por eso no conviene postergar
Jesús aprovecha aquellos acontecimientos para dirigir la mirada hacia quienes lo escuchan: “Si no se convierten…”. No amenaza con nuevas tragedias ni presenta a Dios como alguien que castiga arbitrariamente. Nos recuerda algo que preferimos olvidar: la vida no está completamente bajo nuestro control.
Muchas cosas que consideramos seguras pueden cambiar en poco tiempo. Por eso la conversión no debería quedar siempre para más adelante. Hay perdones que seguimos postergando, decisiones que sabemos necesarias, costumbres que deberíamos abandonar, palabras que necesitamos decir mientras todavía tenemos oportunidad.
Pensar en la fragilidad de la vida no tiene por qué llenarnos de miedo. Puede ayudarnos a vivir con mayor verdad. A valorar a las personas, a reconciliarnos, a dejar de perder tiempo en resentimientos inútiles, a acercarnos nuevamente a Dios.
La pregunta no es cuánto tiempo nos queda, sino qué estamos haciendo con el tiempo que hoy tenemos.
Una higuera que todavía no da fruto
Después Jesús cuenta la parábola de una higuera plantada en una viña. Durante tres años el dueño busca fruto y no lo encuentra. Entonces piensa en cortarla. Pero el viñador pide una oportunidad más: cavará alrededor, pondrá abono y esperará.
La imagen muestra al mismo tiempo seriedad y misericordia. Dios espera frutos de nuestra vida. La fe no puede quedar reducida a palabras, costumbres o buenas intenciones. Está llamada a producir algo visible: amor, justicia, paciencia, servicio, perdón, generosidad.
Pero Dios tampoco se apresura a descartarnos cuando todavía no damos esos frutos. La higuera recibe tiempo, cuidado, trabajo y una nueva oportunidad.
Cuántas veces nosotros mismos pensamos que ya no podemos cambiar, que hemos fallado demasiadas veces o que nuestra vida espiritual permanece estancada. La parábola nos recuerda que Dios sigue trabajando la tierra alrededor de nuestras raíces.
Un año más no debe desperdiciarse
La paciencia de Dios no significa indiferencia. El viñador pide tiempo precisamente para que algo cambie. La misericordia ofrece una nueva oportunidad, pero esa oportunidad espera respuesta.
Quizás el Señor lleva tiempo trabajando una zona de nuestra vida. Tal vez nos ha hablado mediante una persona, una pérdida, una preocupación, una palabra que nos persigue interiormente. Puede haber una rama que necesita ser podada o una tierra endurecida que necesita ser removida.
Hoy podemos preguntarnos qué fruto está esperando Dios de nosotros. Tal vez una reconciliación, una mayor fidelidad, una decisión concreta, más tiempo para quienes amamos, una caridad menos teórica.
Pidamos la gracia de no juzgar el dolor ajeno y de aprovechar el tiempo que hemos recibido. Que la paciencia de Dios no nos encuentre indiferentes, sino agradecidos y dispuestos a cambiar. Y que nuestra vida, cuidada tantas veces por su misericordia, termine ofreciendo frutos que hagan visible su amor.
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