Lunes de la XXX semana del Tiempo ordinario
Difundiendo La Palabra es un lugar creado para orar y meditar la Palabra de Dios. Hoy, Lunes de la XXX semana del Tiempo ordinario encontrará el Evangelio según San Lucas 13, 10-17 acompañado de una reflexión pastoral que lo ayudará a comprenderlo y vivirlo con fidelidad. También incluimos las lecturas del día y el Salmo Responsorial.
Lecturas Bíblicas del día de Hoy
Primera Lectura de Hoy Lunes 26 de Otubre
Carta de San Pablo a los Efesios 4, 32; 5, 1-8.
Hermanos: Sean buenos y comprensivos, y perdónense unos a otros, como Dios los perdonó, por medio de Cristo.
Imiten, pues, a Dios como hijos queridos. Vivan amando como Cristo, que nos amó y se entregó por nosotros, como ofrenda y víctima de fragancia agradable a Dios.
Que entre ustedes, como conviene a verdaderos cristianos, no se hable de fornicación, inmoralidad o codicia; ni siquiera de indecencias, ni de conversaciones tontas o chistes groseros, pues son cosas que no están bien. En lugar de eso, den gracias a Dios. Tengan bien entendido que ningún lujurioso, inmoral o codicioso, que es lo mismo que decir idólatra, participará en el Reino de Cristo y de Dios.
Que nadie los engañe con vanas razones, pues todas estas cosas atraen la ira de Dios sobre los rebeldes. Así pues, no se hagan cómplices de ellos. Porque en otro tiempo ustedes fueron tinieblas, pero ahora, unidos al Señor, son luz. Vivan, por lo tanto, como hijos de la luz.
Salmo Responsorial de Hoy – Salmo 1, 1-2. 3. 4 y 6.
Dichoso el hombre que no se guía
por mundanos criterios,
que no anda en malos pasos
ni se burla del bueno,
que ama la ley de Dios
y se goza en cumplir sus mandamientos.
Dichoso el hombre que confiá en el Señor.
Es como un árbol plantado junto al rio.
que da fruto a su tiempo
y nunca se marchita.
En todo tendrá éxito.
Dichoso el hombre que confiá en el Señor.
En cambio los malvados
serán como la paja barrida por el viento.
Porque el Señor protege el camino del justo
y al malo sus caminos acaban por perderlo.
Dichoso el hombre que confiá en el Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Tu palabra, Señor, es la verdad;
santifícanos en la verdad.
Aleluya.
Evangelio de Hoy Lunes 26 de Otubre de 2026
Evangelio según San Lucas 13, 10-17.
Un sábado, estaba Jesús enseñando en una sinagoga. Había ahí una mujer que llevaba dieciocho años enferma por causa de un espíritu malo. Estaba encorvada y no podía enderezarse. Al verla, Jesús la llamó y le dijo: “Mujer, quedas libre de tu enfermedad”. Le impuso las manos y, al instante, la mujer se enderezó y empezó a alabar a Dios.
Pero el jefe de la sinagoga, indignado de que Jesús hubiera hecho una curación en sábado, le dijo a la gente: “Hay seis días de la semana en que se puede trabajar; vengan, pues, durante esos días a que los curen y no el sábado”.
Entonces el Señor dijo: “¡Hipócritas! ¿Acaso no desata cada uno de ustedes su buey o su burro del pesebre para llevarlo a abrevar, aunque sea sábado? Y a esta hija de Abraham, a la que Satanás tuvo atada durante dieciocho años, ¿no era bueno desatarla de esa atadura, aun en día de sábado?”
Cuando Jesús dijo esto, sus enemigos quedaron en vergüenza; en cambio, la gente se alegraba de todas las maravillas que él hacía.
Un momento de oración para aquietar el corazón.
Antes de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.
Homilía y reflexión del Evangelio de hoy 26 de Otubre de 2026
Una mujer encorvada durante muchos años
Jesús está enseñando en una sinagoga cuando ve a una mujer que desde hacía dieciocho años caminaba encorvada y no podía enderezarse. Ella no aparece pidiendo nada. Es Jesús quien la ve, la llama y toma la iniciativa.
Ese detalle es profundamente consolador. Hay momentos en que ni siquiera sabemos cómo pedir ayuda. Llevamos tanto tiempo con una carga que casi terminamos acostumbrándonos a ella. Puede ser una preocupación, una herida, una culpa, una tristeza, una relación difícil o una situación que parece no tener salida.
La mujer llevaba muchos años mirando hacia abajo. Su cuerpo expresaba una vida limitada por el peso que cargaba. También nosotros podemos vivir encorvados interiormente, mirando solo los problemas, las pérdidas o aquello que nos duele. Pero Jesús ve más allá de nuestra postura. Ve a la persona completa, su dignidad, su historia y la posibilidad de una vida nueva.
Jesús la llama y la levanta
Jesús no espera que aquella mujer dé el primer paso. La llama y le anuncia que queda libre de su enfermedad. Después pone las manos sobre ella, y enseguida se endereza y comienza a dar gloria a Dios.
La escena muestra que la acción de Jesús no consiste solamente en quitar un dolor. Él devuelve dignidad. La mujer vuelve a estar erguida, capaz de levantar la mirada. La liberación toca su cuerpo, pero también su modo de estar en el mundo.
Cristo continúa realizando esta obra de muchas maneras. No siempre desaparecen inmediatamente nuestras dificultades, pero su gracia puede ayudarnos a levantarnos interiormente, a recuperar esperanza, a dejar de vivir definidos por una herida.
Hay cargas que necesitamos entregar una y otra vez. Hay situaciones que requieren ayuda, acompañamiento y paciencia. Pero ninguna de ellas debería convencernos de que estamos destinados para siempre a mirar hacia el suelo.
Cuando una norma impide ver a la persona
El jefe de la sinagoga se indigna porque Jesús ha curado en sábado. No se atreve a enfrentarlo directamente, pero reprocha a la gente que busque curación en ese día.
Aquí aparece una contradicción dolorosa: delante de él hay una mujer que acaba de ser liberada después de dieciocho años, pero él no logra alegrarse. La norma ocupa tanto espacio en su mirada que ya no puede ver el rostro de quien ha sido sanada.
Jesús no desprecia el sábado. Lo devuelve a su verdadero sentido. Si en sábado se cuida a los animales y se atienden sus necesidades, ¿cómo no liberar a una hija de Abraham que llevaba tantos años atada?
También nosotros podemos perder lo esencial cuando aplicamos reglas sin misericordia. Una norma puede ser buena, pero nunca debería convertirse en excusa para la indiferencia. La fe verdadera reconoce primero a la persona y su dignidad.
Hoy también es un buen día para liberar
Jesús muestra que no hay un día equivocado para hacer el bien. La misericordia no necesita esperar una ocasión más conveniente. Cuando alguien puede ser levantado, consolado o acompañado, ese momento ya es importante.
Tal vez hoy tengamos cerca a alguien que lleva mucho tiempo encorvado por una carga invisible. Puede necesitar una escucha paciente, una palabra de aliento, ayuda concreta o simplemente no sentirse juzgado.
Y quizá seamos nosotros quienes necesitamos dejarnos llamar por Jesús. Tal vez llevamos demasiado tiempo cargando algo solos, pensando que ya no puede cambiar. La mujer del Evangelio nos recuerda que muchos años de sufrimiento no tienen la última palabra cuando Cristo entra en la historia.
Pidamos al Señor que nos ayude a levantar la mirada. Que cure nuestra dureza, nos enseñe a poner la misericordia por encima de la indiferencia y nos haga sensibles al dolor de quienes caminan encorvados a nuestro lado. Que también nosotros podamos experimentar su mano que levanta y volver a caminar con mayor libertad, esperanza y gratitud.
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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.
