Evangelio De Hoy 10 de Septiembre

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Difundiendo La Palabra es un lugar creado para orar y meditar la Palabra de Dios. Hoy, Jueves de la XXIII semana del Tiempo ordinario encontrará el Evangelio según San Lucas 6, 27-38 acompañado de una reflexión pastoral que lo ayudará a comprenderlo y a vivirlo con fidelidad. También incluimos las lecturas del día y el Salmo Responsorial.



Homilía y reflexión del Evangelio de hoy 10 de Septiembre de 2026

Amar cuando el amor deja de ser fácil

Jesús no se queda en un amor cómodo. Habla a sus discípulos y les pide amar a los enemigos, hacer el bien a quienes los odian, bendecir a quienes los maldicen y rezar por quienes los tratan mal. Son palabras exigentes, de esas que no se pueden escuchar sin sentirse tocado.

Amar a quien nos quiere resulta natural. Hacer el bien a quien nos hace bien parece justo. Pero Jesús lleva el corazón más lejos: nos invita a no dejar que el mal recibido decida nuestra manera de vivir. El discípulo no puede responder siempre con la misma moneda, porque entonces queda atrapado en la lógica del resentimiento.

Esto no significa negar el daño, permitir abusos o dejar de poner límites cuando son necesarios. Amar al enemigo no es justificar su conducta. Es pedirle a Dios la gracia de no odiar, de no vivir deseando destrucción, de no permitir que la herida nos convierta en personas amargas.

Bendecir y rezar por quienes nos hieren

Jesús pide bendecir y orar por quienes nos maltratan. Esta enseñanza toca una zona muy profunda, porque cuando alguien nos lastima, lo primero que nace no suele ser la oración, sino la bronca, la defensa, la distancia o el deseo de que el otro pague.

Rezar por quien nos hirió no significa sentir simpatía inmediata ni olvidar lo ocurrido. Significa poner esa relación, ese dolor y esa persona delante de Dios. Significa reconocer que nosotros solos no podemos purificar el corazón. La oración abre una puerta para que el resentimiento no se vuelva dueño de nuestra vida.

A veces la conversión empieza con una oración muy pobre: “Señor, no puedo perdonar todavía, pero no quiero vivir odiando”. Esa oración ya es un paso. Dios puede trabajar en un corazón que no niega su herida, pero tampoco quiere quedar encerrado en ella.

Dar sin vivir calculando

Jesús también habla de prestar sin esperar devolución, de dar a quien pide, de tratar a los demás como queremos ser tratados. Nos invita a salir de una vida medida solo por el cálculo: qué me conviene, qué gano, quién me devuelve, quién merece.

La generosidad cristiana no es ingenuidad ni desorden. Es una manera de vivir con el corazón más libre. Cuando todo se mide por interés, los vínculos se empobrecen. Cuando solo damos esperando recibir, el amor se vuelve negocio. Jesús nos llama a una gratuidad que refleje algo del corazón del Padre.

Dios es bueno con ingratos y malos. Esa frase puede incomodarnos, pero también nos salva. Porque nosotros mismos hemos recibido paciencia cuando no respondimos bien, misericordia cuando fuimos ingratos, oportunidades cuando no las merecíamos. Quien recuerda cuánto recibió de Dios aprende a mirar a los demás con menos dureza.

Sean misericordiosos como el Padre

El centro del pasaje está en esta llamada: ser misericordiosos como el Padre. No se trata solo de portarnos bien, sino de parecernos a Dios en la manera de mirar, juzgar, perdonar y dar. Jesús nos pide no condenar, perdonar, dar con generosidad, porque la medida que usemos con los demás también revela la medida de nuestro propio corazón.

Esta palabra nos invita a revisar cómo tratamos a quienes nos cuestan. Si juzgamos rápido, si guardamos cuentas pendientes, si respondemos al mal con más mal, si damos solo cuando hay garantía de devolución. El Evangelio nos propone un camino más alto, pero también más liberador.

Pidamos hoy un corazón parecido al del Padre: firme para poner límites cuando haga falta, pero libre de odio; capaz de reconocer el mal, pero sin dejar de desear la salvación del otro; generoso sin vivir atado al cálculo; misericordioso porque ha sido alcanzado primero por la misericordia de Dios.


Un momento de oración para aquietar el corazón.

Después de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.


Lecturas Bíblicas del día de Hoy


Primera Lectura de Hoy Jueves 10 de Septiembre

Primera Carta de San Pablo a los Corintios 8, 1-13.

Queridos hermanos: Ya sé que todos ustedes conocen lo que está permitido con respecto a la carne inmolada a los ídolos. Pero, ¡cuidado!, porque el puro hecho de conocer, llena de soberbia; el amor, en cambio, hace el bien. Y si alguno piensa que ese conocimiento le basta, no tiene idea de lo que es el verdadero conocimiento. Pero aquel que ama a Dios, es verdaderamente conocido por Dios.

Ahora bien, con respecto a comer la carne ofrecida a los ídolos, sabemos que un ídolo no representa nada real y que no hay más que un solo Dios. Pues, aun cuando se hable de dioses del cielo y de la tierra, como si hubiera muchos dioses y muchos señores, sin embargo, para nosotros no hay más que un solo Dios, el Padre, de quien todo procede y es nuestro destino, y un solo Señor Jesucristo, por quien existen todas las cosas y por el cual también nosotros existimos.

Mas no todos saben esto. Pues algunos, acostumbrados a la idolatría hasta hace poco, siguen comiendo la carne como si estuviera consagrada a los ídolos, y puesto que su conciencia está poco formada, pecan. No es, ciertamente, la comida lo que nos hará agradables a Dios, ni vamos a ser mejores o peores por comer o no comer. Pero tengan cuidado de que esa libertad de ustedes no sea ocasión de pecado para los que tienen la conciencia poco formada. Porque si a ti, que sabes estas cosas, te ve alguien sentado a la mesa en un templo de los ídolos, ¿no se creerá autorizado por su conciencia, que está poco formada, a comer de lo sacrificado a los ídolos?

Entonces, por culpa de tu conocimiento haces que se pierda el hermano que tiene la conciencia poco formada, por quien murió Cristo. De esta manera, al pecar ustedes contra sus hermanos, haciendo daño a su conciencia poco formada, pecan contra Cristo. Por lo tanto, si un alimento le es ocasión de pecado a mi hermano, nunca comeré carne para no darle ocasión de pecado.


Salmo Responsorial de Hoy Salmo 138, 1b-3. 13-14ab. 23-24.

Tú me conoces, Señor, profundamente:
tú conoces cuándo me siento y me levanto,
desde lejos sabes mis pensamientos,
tú observas mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares.
Señor, no dejes que me pierda.

Tú formaste mis entrañas,
me tejiste en el seno materno.
Te doy gracias por tan grandes maravillas;
soy un prodigio y tus obras son prodigiosas.
Señor, no dejes que me pierda.

Examíname, Dios mío, para conocer mi corazón,
ponme a prueba para conocer mis sentimientos,
y si mi camino se desvía,
no dejes que me pierda.
Señor, no dejes que me pierda.


Aclamación antes del Evangelio

 Aleluya, aleluya.
Si nos amamos los unos a los otros,
Dios permanece en nosotros
y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud.
Aleluya.



Evangelio de Hoy Jueves 10 de Septiembre de 2026

Evangelio según San Lucas 6, 27-38.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los aborrecen, bendigan a quienes los maldicen y oren por quienes los difaman. Al que te golpee en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite el manto, déjalo llevarse también la túnica. Al que te pida, dale; y al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames.

Traten a los demás como quieran que los traten a ustedes; porque si aman sólo a los que los aman, ¿qué hacen de extraordinario? También los pecadores aman a quienes los aman. Si hacen el bien sólo a los que les hacen el bien, ¿qué tiene de extraordinario? Lo mismo hacen los pecadores. Si prestan solamente cuando esperan cobrar, ¿qué hacen de extraordinario? También los pecadores prestan a otros pecadores, con la intención de cobrárselo después.

Ustedes, en cambio, amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar recompensa. Así tendrán un gran premio y serán hijos del Altísimo, porque él es bueno hasta con los malos y los ingratos. Sean misericordiosos, como su Padre es misericordioso.

No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados. Den y se les dará: recibirán una medida buena, bien sacudida, apretada y rebosante en los pliegues de su túnica. Porque con la misma medida con que midan, serán medidos’’.


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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.

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