Viernes de la XXII semana del Tiempo ordinario
Difundiendo La Palabra es un lugar creado para orar y meditar la Palabra de Dios. Hoy, Viernes de la XXIII semana del Tiempo ordinario encontrará el Evangelio según San Lucas 6, 39-42 acompañado de una reflexión pastoral que lo ayudará a comprenderlo y a vivirlo con fidelidad. También incluimos las lecturas del día y el Salmo Responsorial.
Homilía y reflexión del Evangelio de hoy 11 de Septiembre de 2026
La mirada necesita ser sanada
Jesús habla con una imagen muy clara: un ciego no puede guiar a otro ciego, porque ambos caerán en el pozo. No se refiere solo a la vista del cuerpo, sino a la mirada interior. Hay cegueras del corazón que nos impiden ver con verdad: el orgullo, el enojo, el prejuicio, la envidia, la autosuficiencia.
Antes de guiar, corregir o aconsejar a otros, necesitamos dejarnos iluminar por Dios. Si el corazón está confundido, herido o dominado por la soberbia, nuestras palabras pueden hacer daño aunque parezcan bien intencionadas. A veces creemos ver claramente la vida de los demás, pero no vemos lo que está desordenado en nosotros.
Jesús no nos pide callar siempre ni evitar toda corrección. Nos pide humildad. Solo quien reconoce su propia necesidad de luz puede ayudar a otro sin aplastarlo. La verdadera guía no nace de sentirse superior, sino de caminar también como discípulo.
Aprender del Maestro antes de corregir
Jesús dice que el discípulo no está por encima del maestro, y que el discípulo bien formado será como su maestro. Esta frase nos recuerda que nadie puede guiar cristianamente si antes no se deja formar por Cristo.
Muchas veces opinamos rápido, corregimos rápido, juzgamos rápido. Pero el corazón necesita escuela. Y la escuela de Jesús tiene paciencia, misericordia, verdad y mansedumbre. Él no niega el pecado, pero tampoco destruye al pecador. Él corrige, pero levantando. Él muestra la verdad, pero con un amor que busca salvar.
Ser discípulos formados por Jesús significa permitir que su manera de mirar transforme la nuestra. Que su compasión ordene nuestras palabras. Que su humildad cure nuestra necesidad de tener siempre razón. Porque una palabra dicha desde Cristo puede abrir caminos; una palabra dicha desde el orgullo puede cerrar corazones.
La astilla ajena y la viga propia
La imagen de la astilla y la viga es fuerte porque desenmascara una tendencia muy humana: ver con facilidad lo pequeño en el otro y no reconocer lo grande en nosotros. Nos irrita una falta ajena, pero justificamos nuestras durezas. Señalamos una debilidad del hermano, pero escondemos nuestros resentimientos. Pedimos coherencia a otros, mientras evitamos mirar nuestras propias contradicciones.
Jesús no dice que la astilla no exista. Puede haber algo que corregir en el hermano. Pero antes pide mirar la viga propia. La corrección cristiana empieza por la conversión personal. Si no reconocemos nuestras sombras, podemos usar la verdad como arma y no como medicina.
Esto no es una llamada a la pasividad, sino a la sinceridad. Hay que corregir cuando hace falta, pero con el corazón purificado. La humildad no debilita la corrección; la hace más evangélica. Quien se sabe pecador corregirá con más misericordia y escuchará con más disponibilidad.
Sacar la viga para ver mejor
Jesús termina indicando un camino: primero sacar la viga del propio ojo, y entonces se podrá ver claro para ayudar al hermano. No nos deja en la acusación ni en la culpa. Nos muestra una posibilidad: la mirada puede ser limpiada.
Todos necesitamos pedir esa gracia. Ver mejor. Vernos mejor. Ver al otro mejor. No desde la sospecha, no desde la superioridad, no desde la herida sin sanar, sino desde la luz de Dios. Cuando el Señor limpia nuestra mirada, dejamos de mirar al hermano como enemigo y empezamos a verlo como alguien que también necesita misericordia.
Hoy puede ser un buen día para revisar nuestras palabras y juicios. Tal vez hay alguien a quien venimos mirando solo desde su astilla. Tal vez hay una viga propia que el Señor nos está mostrando: orgullo, dureza, impaciencia, resentimiento, falta de caridad.
Pidamos a Cristo que sane nuestra mirada. Que nos dé humildad para reconocer lo que debe cambiar en nosotros y caridad para ayudar a los demás sin humillarlos. Porque solo una mirada purificada por Dios puede corregir sin herir y acompañar sin caer en la soberbia.
Un momento de oración para aquietar el corazón.
Después de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.
Lecturas Bíblicas del día de Hoy
Primera Lectura de Hoy Viernes 11 de Septiembre
Primera Carta de San Pablo a los Corintios 9, 16-19. 22-27.
Hermanos: No tengo por qué presumir de predicar el Evangelio, puesto que ésa es mi obligación. ¡Ay de mí, si no anuncio el Evangelio! Si yo lo hiciera por propia iniciativa, merecería recompensa; pero si no, es que se me ha confiado una misión. Entonces, ¿en qué consiste mi recompensa? Consiste en predicar el Evangelio gratis, renunciando al derecho que tengo a vivir de la predicación.
Aunque no estoy sujeto a nadie, me he convertido en esclavo de todos para ganarlos a todos. Con los débiles me hice débil, para ganar a los débiles. Me he hecho todo a todos, a fin de ganarlos a todos. Todo lo hago por el Evangelio, para participar yo también de sus bienes.
¿No saben que en el estadio todos los corredores compiten, pero uno solo recibe el premio? Corran de manera que consigan el premio. Además, todos los atletas se privan de muchas cosas: ellos lo hacen por un premio que se acaba; nosotros, en cambio, por uno que dura para siempre.
Así pues, yo corro, pero no a ciegas, y lucho, pero no dando golpes al aire, sino que domino mi cuerpo y lo obligo a que me sirva, no sea que, después de predicar a los demás, quede yo descalificado.
Salmo Responsorial de Hoy – Salmo 83, 3. 4. 5-6. 12.
Anhelando los atrios del Señor
se consume mi alma.
Todo mi ser de gozo se estremece
y el Dios vivo es la causa.
Qué agradable, Señor, es tu morada.
Hasta el gorrión encuentra casa
y la golondrina un lugar para su nido,
cerca de tus altares,
Señor de los ejércitos, Dios mío.
Qué agradable, Señor, es tu morada.
Dichosos los que viven en tu casa,
te alabarán para siempre;
dichosos los que encuentran en ti su fuerza
y la esperanza de su corazón.
Qué agradable, Señor, es tu morada.
El Señor es sol y escudo,
Dios concede favor y gloria.
El Señor no niega sus bienes
a los de conducta intachable.
Qué agradable, Señor, es tu morada.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Tu palabra, Señor, es la verdad;
santifícanos en la verdad.
Aleluya.
Evangelio de Hoy Viernes 11 de Septiembre de 2026
Evangelio según San Lucas 6, 39-42.
En aquel tiempo, Jesús propuso a sus discípulos este ejemplo: “¿Puede acaso un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en un hoyo? El discípulo no es superior a su maestro; pero cuando termine su aprendizaje, será como su maestro.
¿Por qué ves la paja en el ojo de tu hermano y no la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo te atreves a decirle a tu hermano: ‘Déjame quitarte la paja que llevas en el ojo’, si no adviertes la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga que llevas en tu ojo y entonces podrás ver, para sacar la paja del ojo de tu hermano”.
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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.
