Evangelio De Hoy 13 de Septiembre


Difundiendo La Palabra es un lugar creado para orar y meditar la Palabra de Dios. Hoy, XXIV Domingo Ordinario encontrará el Evangelio según San Mateo 18, 21-35 acompañado de una reflexión pastoral que lo ayudará a comprenderlo y a vivirlo con fidelidad. También incluimos las lecturas del día y el Salmo Responsorial.


Homilía y reflexión del Evangelio de hoy 13 de Septiembre.

La pregunta de Pedro y nuestros límites para perdonar

Pedro se acerca a Jesús con una pregunta que todos llevamos de alguna manera en el corazón: ¿cuántas veces debo perdonar? Él propone siete veces, como si ofreciera una medida generosa. Pero Jesús responde desbordando todo cálculo: no siete, sino setenta veces siete.

Con esta respuesta, Jesús no está diciendo que debamos permitir abusos, negar heridas o dejar de poner límites cuando son necesarios. El perdón cristiano no es ingenuidad ni resignación ante el mal. Pero sí nos llama a no vivir encerrados en una contabilidad del rencor, midiendo cada ofensa y guardando cada deuda.

El corazón herido tiende a contar. Recuerda fechas, palabras, gestos, silencios. Y a veces esas cuentas terminan ocupando demasiado espacio interior. Jesús quiere liberarnos de esa cárcel. Perdonar no siempre cambia inmediatamente al otro, pero puede comenzar a cambiar nuestra manera de vivir la herida.

Una deuda que solo la misericordia podía cancelar

La parábola habla de un servidor que debía una suma imposible de pagar. Su situación no tenía salida. Solo podía suplicar paciencia. Pero el rey, movido por compasión, no le concede simplemente más tiempo: le perdona toda la deuda.

Esa escena nos pone delante de la misericordia de Dios. Cada uno de nosotros ha sido perdonado muchas veces. Dios nos tuvo paciencia cuando repetimos errores, nos esperó cuando nos alejamos, nos levantó cuando caímos, nos ofreció nuevas oportunidades cuando tal vez nosotros ya no nos las habríamos dado.

Recordar esto es fundamental. Cuando olvidamos cuánto hemos recibido, nos volvemos duros con los demás. Exigimos pagos pequeños después de haber sido perdonados en deudas enormes. La memoria del perdón recibido ablanda el corazón y nos ayuda a mirar al hermano desde otro lugar.

La contradicción de recibir perdón y negar misericordia

El servidor perdonado sale y encuentra a un compañero que le debe mucho menos. En vez de recordar la compasión recibida, lo toma del cuello y exige el pago. La escena es dura porque muestra una incoherencia que también puede habitar en nosotros.

Queremos que Dios nos comprenda, pero nos cuesta comprender. Pedimos paciencia para nuestras fragilidades, pero somos impacientes con las ajenas. Deseamos que el Señor mire nuestra historia completa, pero reducimos al otro a lo que nos hizo.

El resentimiento tiene esa capacidad de estrechar la mirada. Hace que una persona quede identificada solo con su falta. El perdón, en cambio, no niega el daño, pero se niega a dejar que el daño sea la única palabra sobre el otro y sobre nosotros mismos.

Perdonar desde el corazón

Jesús termina diciendo que el perdón debe nacer del corazón. No alcanza una frase exterior si por dentro seguimos alimentando venganza, desprecio o deseo de daño. Pero también es verdad que el corazón no siempre perdona de golpe. Hay heridas que necesitan tiempo, oración, acompañamiento, distancia prudente y mucha gracia.

Por eso, el primer paso quizá no sea sentir que ya todo está resuelto, sino pedirle al Señor que nos libere del odio. Decirle con sinceridad: “Señor, todavía me duele, pero no quiero vivir atado al rencor”. Esa oración humilde puede abrir un camino.

Este domingo podemos mirar qué deuda seguimos apretando entre las manos. Tal vez una ofensa antigua, una palabra que no olvidamos, una herida familiar, una decepción. No se trata de justificar lo ocurrido, sino de permitir que la misericordia de Dios entre en ese lugar.

Pidamos la gracia de recordar cuánto hemos sido perdonados. Que esa memoria nos haga más humildes, más libres y más capaces de perdonar desde el corazón. Porque quien se deja alcanzar por la misericordia del Padre ya no puede vivir encadenado al rencor.


Un momento de oración para aquietar el corazón.

Después de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.


Lecturas Bíblicas del día de Hoy


Primera Lectura de Hoy Domingo 13 de Septiembre

Libro de Eclesiástico 27, 30 .28, 1-9.

Cosas abominables son el rencor y la cólera;
sin embargo, el pecador se aferra a ellas.
El Señor se vengará del vengativo
y llevará rigurosa cuenta de sus pecados.

Perdona la ofensa a tu prójimo,
y así, cuando pidas perdón, se te perdonarán tus pecados.
Si un hombre le guarda rencor a otro,
¿le puede acaso pedir la salud al Señor?

El que no tiene compasión de un semejante,
¿cómo pide perdón de sus pecados?
Cuando el hombre que guarda rencor
pide a Dios el perdón de sus pecados,
¿hallará quien interceda por él?

Piensa en tu fin y deja de odiar,
piensa en la corrupción del sepulcro
y guarda los mandamientos.

Ten presentes los mandamientos
y no guardes rencor a tu prójimo.
Recuerda la alianza del Altísimo
y pasa por alto las ofensas.


Salmo Responsorial de Hoy Salmo 102, 1-2. 3-4. 9-10. 11-12.

Bendice al Señor, alma mía;
que todo mi ser bendiga su santo nombre.
Bendice al Señor, alma mía,
y no te olvides de sus beneficios.
El Señor es compasivo y misericordioso.

También el Señor perdona tus pecados
y cura tus enfermedades;
él rescata tu vida del sepulcro
y te colma de amor y de ternura.
El Señor es compasivo y misericordioso.

El Señor no nos condena para siempre,
ni nos guarda rencor perpetuo.
No nos trata como merecen nuestras culpas,
ni nos paga según nuestros pecados.
El Señor es compasivo y misericordioso.

Como desde la tierra hasta el cielo,
así es de grande su misericordia;
como un padre es compasivo con sus hijos,
así es compasivo el Señor con quien lo ama.
El Señor es compasivo y misericordioso.


Segunda Lectura de Hoy Domingo 13 de Septiembre.

Carta de San Pablo a los Romanos Romanos 14, 7-9.

Hermanos: Ninguno de nosotros vive para sí mismo, ni muere para sí mismo. Si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Por lo tanto, ya sea que estemos vivos o que hayamos muerto, somos del Señor. Porque Cristo murió y resucitó para ser Señor de vivos y muertos.


Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Les doy un mandamiento nuevo, dice el Señor:
que se amen los unos a los otros, como yo los he amado.
Aleluya.


Evangelio de Hoy Domingo 13 de Septiembre de 2026.

Evangelio según San Mateo 18, 21-35.

En aquel tiempo, Pedro se acercó a Jesús y le preguntó: “Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?” Jesús le contestó: “No sólo hasta siete, sino hasta setenta veces siete”.

Entonces Jesús les dijo: “El Reino de los cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus servidores. El primero que le presentaron le debía muchos talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él, a su mujer, a sus hijos y todas sus posesiones, para saldar la deuda. El servidor, arrojándose a sus pies, le suplicaba, diciendo: ‘Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo’. El rey tuvo lástima de aquel servidor, lo soltó y hasta le perdonó la deuda.

Pero, apenas había salido aquel servidor, se encontró con uno de sus compañeros, que le debía poco dinero. Entonces lo agarró por el cuello y casi lo estrangulaba, mientras le decía: ‘Págame lo que me debes’. El compañero se le arrodilló y le rogaba: ‘Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo’. Pero el otro no quiso escucharlo, sino que fue y lo metió en la cárcel hasta que le pagara la deuda.

Al ver lo ocurrido, sus compañeros se llenaron de indignación y fueron a contar al rey lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: ‘Siervo malvado. Te perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también haber tenido compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?’ Y el señor, encolerizado, lo entregó a los verdugos para que no lo soltaran hasta que pagara lo que debía.

Pues lo mismo hará mi Padre celestial con ustedes, si cada cual no perdona de corazón a su hermano’’.


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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.

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